03 mayo 2010

Los talentos que no se ven


Hola todos otra vez.



Hace ya algunos años y caminando entre las personas que ahora tienen mas o menos mi edad, descubrí con asombro que todos tenemos algo especial para entregarle al mundo y digo especial no con el afán de que ese "algo" sea positivo o beneficioso para la sociedad en la que vivimos, pero al fin y al cabo todos guardamos algo.

Todos nacemos con inocencia y al ir creciendo nos sentimos gigantes capaces de tapar el sol con un solo dedo, incluso hasta rozar aquella insana inmortalidad en la que gira nuestro deseo de "comernos al mundo" de un solo bocado, insana porque nos hace cometer estupideces algunas veces creyendo que: no pasa nada.

Pero conforme la fruta del árbol adquiere su color, nosotros también maduramos y nos damos cuenta, quizá no todos de la misma forma, que aquellos sueños en los que todos coincidíamos de adolescentes de comernos al mundo van mutando hasta convertirse en acciones reales que vamos perfeccionando para sentir que somos únicos y que de tal o cual forma habremos de trascender en el mundo en el que vivimos.

Me refiero a los talentos, los talentos son las virtudes, habilidades o conocimientos que todos tenemos, muy posiblemente la mayoría ni los conocemos. Hay talentos de muchos tipos y considero que son los talentos los que construyen la identidad de una persona y los que la hacen trascender de manera diferente a los demás, tocando de diversa forma la vida de los demás.

No obstante, en esta sociedad enlatada y de mentalidades caducas, los talentos a menudo se enfrascan y ni siquiera vislumbran su nacimiento en las personas que crecen si darse cuenta que los poseen, menos lo harán de hacer en un mundo dónde la educación se basa en insertar copias y copias de un solo programa que crea autómatas programables que siguen un mismo proceso de desarrollo en dónde los que no prosiguen con este proceso y/o se atreven a llevar a cabo proyectos dónde sus talentos sean los promotores de cambios positivos (aunque estos no sean en la mayoría de las veces bien remunerados), son considerados parias fracasados que viven a medias y que entorpecen esa visión de progreso que se nos insertó desde que fuimos niños.

Entonces, de seguir confortando a los niños de que el verdadero talento se lleva por fuera, que brilla y se pavonea con opulencia en un rostro perfecto, en un cuerpo perfecto, un auto perfecto, una carrera exitosa y bien remunerada, en pocas palabras en una vida hermosa llena de placeres dónde el mas popular, el mas hablado y el mas visto sea el que más aporta a nuestra sociedad, habrá mediocridad en todos los aspectos y los verdaderos talentos que la mayoría de las veces no se ven, morirán sin siquiera haber sido del conocimiento de sus dueños, se verán aplastados por este proceso de desarrollo que nos arroja a un mundo globalizado en dónde el saber escribir un poema, tocar un instrumento musical, dibujar, pintar, crear objetos funcionales o artesanales, construir tu propia casa o simplemente saber con exactitud la temporada del año en que se siembran los alimentos que comemos, no tendrán cabida alguna ni serán aplaudidos como lo será el talento de ser una persona influyente en cualquier ámbito (y no quiere decir influyente por sus capacidades sino por sus amistades y sus cuentas bancarias) o el mantener un cuerpo hermoso por muchísimos años para que todos lo admiren y se sientan inferiores, por citar algunos talentos actuales bastante prominentes y admirados.

Lectura recomendada: El Hombre mediocre de José Ingenieros, 1913.