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Mostrando entradas de octubre, 2010

Los encinos

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Este día me gustaria comentarles acerca de un grupo de árboles que considero de especial mención por ser numerosos, variados y peculiares, así mismo poco conocidos a pesar de estar presentes en casi todos los paisajes montañosos templados del país y por su puesto de la Sierra Madre Oriental, me refiero a los encinos.

Los encinares han estado asociados a la vida del hombre desde los primeros asentamientos, pues sus usos son tan variados que en algunas regiones se le puede dar tal o cual uso a una especie y en otra zona se le dan otros usos a la misma especie.

Siempre subestimados al lado de sus primos los pinos, los encinos poseen un alto valor económico debido a que de ellos se han obtenido todos aquellos productos que nos puede brindar un árbol: leña, madera para hacer un sin fin de cosas, aserrín, forraje, cercas vivas, protección de cuencas, sombra, ornamentales...en fin, mientras que su función en el ecosistema es insustituible. Pero aun así, es un grupo taxonómicame…

Bosque Tropical Caducifolio en la Sierra Madre Oriental

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Una de las tantas productivas salidas que Juan y yo realizamos en la Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda donde vivimos durante el 2008 y 2009, fue al predio de Don Hilarión, un habitante de la sierra quién amablemente nos condujo a sus predios y hasta me prestó uno de sus caballo,s pues le resultaba un tanto incómodo ver una mujer andando por veredas, entre malezas y pedreríos.
Aquel día nos vimos inmersos en un hermoso Bosque Tropical Caducifolio al noreste de Jalpan de Serra, donde me dispuse como siempre a realizar una pequeña pero significativa exploración botánica en aquellas sierras tan desconocidas para algunos y fascinantes para otros.

La imágen muestra como la singularidad de las candelabriformes enmarca de manera especial el unísono perfecto de los follajes en forma de paraguas que conforman el bosque durante la temporada lluviosa, la época mas productiva del año, pues aqui durante el invierno, más de la mitad de las especies arbóreas pierden sus hojas para asegurar l…

Fragmento de un relato en curso de Héctor Manuel Bonilla

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Óleo de Saskia Juárez

A medio trote cabalgué hasta el rancho, pasé por el camposanto y me apeé. Amarré el caballo a los árboles del lindero y fui a saludar a mi gente a sus tumbas. Arranqué alguna hierba y con el sombrero en la mano, recé un padrenuestro. Papá, mamá, mis abuelos y tres tíos eran toda mi familia y estaban enterrados. Me llevé la mano al cuello buscando la medallita que mi abuela me dio, monté el cuaco y me fui al rancho.
Divisé la casita y los árboles, pero no me apercibí del descuido en que estaba hasta que llegué a la entrada. El patio siempre barrido y regado, ahora era un monte de hierba y matorral. Las matas que tanto quería mi abuela se habían secado hacía tiempo. El tejamanil parecía que se caería a pedazos y las ventanas cerradas no me dejaron ver si todavía había algo. La cadena y el candado que guardaban la entrada, herrumbrosos hicieron que batallara al abrir. Apenas crucé el umbral vi que el tejado todavía servía, solo algunos hacecillos de luz …