25 diciembre 2010

Cañón de Jaures y Cueva El Volcancito



Hola

La semana pasada tuvimos la oportunidad de ir a explorar un lugar en la sierra llamado el cañón de Jaures. Este lugar esta muy cerca de la cabecera municipal de Linares, aproximadamente a unos 28km de distancia al suroeste, por la carretera estatal 31 Linares - San Roberto. Todo fue gracias a un error de cálculos, pues por pláticas de una compañera de la maestría, quien me comentó de un sitio denominado El Volcancito, cueva con un manantial que verte las aguas captadas en las partes altas de la sierra durante las temporadas húmedas de junio a octubre, llegamos sin querer al cañón sin percatarnos que el mencionado "Volcancito" se hallaba casi al pie de la carretera, y paraje del cual mas adelante les comentaré.

Por lo pronto el cañón de Jaures está saliendo de Linares y entrando por el cañón de Santa Rosa, por donde pasa la carretera la cual ha quedado un tanto dañada desde que pasó el meteoro de Alex el mes de julio del 2010, se llega al vado del río, en la desviación hacia los ejidos de Rancho Viejo y La Palma, desde dónde se accesa al cañón por un camino de terracería un poco sinuoso y accidentado. 

 Mapa de ubicación del cañón de Jaures

El cañón se abre hacia el sur, y está rodeado de altas paredes verticales de roca caliza. Entrar al cañón de Jaures es entrar en un reino amurallado, recóndito entre las alturas, pues al comienzo te encuentras a unos 600 msnm, mientras que las cumbres rebasan los 2000 msnm, fundiéndose en una perfecta gama verde de matorrales submontanos, encinares, bosques mixtos de encino y pino, pinares y finalmente valles de orígen sedimentarios, locamente llamados potreros, angostos sitios de topografía plana rodeados de altísimas paredes calizas tapizadas de agaves y cactáceas.

Vista norte del cañón de Jaures entre paredes verticales de caliza.

Aparentemente el lugar no ofrece mucho atractivo para el turista común, quien busca de ríos, cascadas, cavernas y aventuras "extremas", en cambio para el  turista exigente y amante del entorno natural, es un exquisito viaje serrano, pues en tan solo 8 km de recorrido, 4 de subida y 4 de regreso, pudimos ver halcones cola roja emitiendo su particular llamado en lo alto de las cumbres, ademas de auras, mosqueros y el privilegio incomparable de ver dos hermosos trogones machos, situación bastante afortunada.

Para el botánico, el regalo es la sorpresa de hallar una población significativa de cycadas de la especie Dioon edule, bastante características, protegidas por las leyes mexicanas y  endémicas de la Sierra Madre Oriental, desde Nuevo León hasta Veracruz, comúnmente llamadas Chamales, maíz viejo o maíz de los abuelos por la forma de su órgano reproductivo o cono, del cual se cosechan las semillas para molerlas y elaborar masa para tamales. Además también hay cactáceas que crecen entre la yesca de pino.

 
Dioon edule

 Cactáceas en bosque de pino

Río abajo, justo a la altura de carretera, esta la llamada cueva del Volcancito, la cual está  inundada al pie del talud del cerro, por dónde el agua sale desbordada semejante a la lava surgiendo de la boca de un volcán  durante la época lluviosa. Obviamente en este mes el agua esta en niveles muy bajos, hasta unos 10 m en la profunidad de la oquedad en forma de tunel profundo y solo es posible llegar a ella descendiendo por una peligrosa caída surcada por rocas gigantes que han quedado varadas desde tiempos inmemoriales debido a la fuerza de arrastre del agua, hasta la base de suave y gris arena silícea como el preludio hacia una inundada negrura de dimensiones desconocidas esperando a ser recorrida.

 Caverna El Volcancito durante la temporada seca.

Estando frente a la garganta inundada de agua con tonalidades azul oscuro, frente a nosotros se yergue el techo de la oquedad y pudimos percatarnos con asombro y tristeza de los rayones y graffitis que los turistas sin cultura dejan cuando el agua alcanza sus máximos niveles y es posible tocar el techo de la cueva simplemente nadando dentro de ella. En la imagen siguiente, donde aparecemos mi hermana  y yo,  alcanzan a observarse los graffitis de color rojo y azul en el techo de la cueva, que la verdad dejan mucho que desear de los pseudo turistas que visitan estos parajes solo para dañar y no para admirar y aprender.


Finalmente, caminamos un poco por el cauce seco del río y es sorprendente la fuerza del agua durante el huracán Alex, plasmada en la basura que arrastró río abajo desde Iturbide y que los estoicos alamos de río (Platanus sp.) resistieron al quedar atascada entre sus troncos. Les dejo finalmente el perfil de una hoja de estos alamos, habitantes ineludibles de los ríos de la Sierra Madre Oriental.

Hoja de álamo de río Platanus sp.