05 enero 2011

Bosques mesófilos de montaña en las sierras de Río Verde, San Luis Potosí. Viaje I

A finales del año 2009, poco tiempo después de dejar mi antiguo hogar en Jalpan Querétaro, tuve oportunidad de trabajar en el inventariado florístico de un ejido al suroeste de la cabecera municipal de Río Verde, estado de San Luis Potosí.

Partiendo de Río Verde hacia el oeste está la carretera Federal México 70 San Luis Potosí- Tampico, actualmente en el desuso debido a que cruza el Área Natural Protegida Sierra de Álvarez, escenario de agrestes montañas, curvas sinuosas e innumerables accidentes, actualmente reemplazada por la "Super carretera de la Huasteca"  que conecta igualmente San Luis Potosí, Río Verde y Ciudad Valles, la cual pasa al norte de la sierra al lado de las comunidades de Cerritos y Villa Juárez. Sigo prefiriendo la carretera libre 70 por su puesto.

      Vista actual de la Hacienda de San Diego (foto tomada de la web México en Fotos).
A unos 10 km de distancia de Río Verde por dicha carretera está el entronque al ejido San Diego, pintoresca hacienda de antaño, en cuyos alrededores nació  un pequeño pueblo con una presa que tiene vista a la sierra.

A partir de dicha localidad se extiende una brecha hacia el oeste que conduce a los ejidos de San Miguel, La Loma, Los Arcos, Las guayabas y varios mas que no recuerdo su nombre en este momento, pero hasta el final, dónde topa la brecha con la sierra esta el ejido El Nacimiento, una ranchería que palpita entre el ronco cantar de los gallos, los corridos que emanan en la transmisión de radio casi perpetua desde las ventanas de las casas de  sus pobladores (muchos de ellos mojados que trabajan año con año en Estados Unidos), la humedad de la selva baja caducifolia que ahí se arremolina entre las lomas y el apacible rumor del arroyo que baja desde las partes altas de la sierra. Así es el ejido El Nacimiento.

Vista sur del Ejido El Nacimiento, Río Verde, S. L. P. en una prístina mañana de diciembre.
Aquel día pernoctamos en la casa del Comisariado Ejidal el Sr. Miguel, y su esposa la Sra. Fela y con todo y la pena no quisimos dar mas molestias que la de poner nuestra tienda de campaña en su patio, eligiendo como lugar idóneo una gigantesca fortaleza entre frondas de papaya, plátano y caña.


Nuestro campamento al amanecer.











Aquel día partimos rumbo al cerro de la cruz  para comenzar el inventario a eso de las 7 y media de la mañana El trayecto fue ascendiendo abruptamente por entre una cañada al lado del río, para después perderse entre bosques de encino y mas arriba los pinos. No fue sino hasta casi medio día cuando caímos en la sorpresa de estar en una cañada muy húmeda y umbrosa, tan estrecha que apenas y el sol rosaba el dosel quizá unas 5 o 6 horas diarias durante la tarde, fue aquí donde encontramos los famosos liquidámbares. Y como puede verse en la segunda imagen, los ejemplares llegaban a medir mas de 25 m de altura, tal porte implica un bosque mas o menos viejo que hasta la fecha el ejido ha respetado y lo mas sorprendente es que había un grupo de 7 individuos, todos ellos sobre la brecha principal hacía el cerro de la cruz, Paso del agua, Los montesumas y Torrecillas (localidades perdidas en diferentes puntos de la sierra de Río Verde).

Hojas de Liquidambar styraciflua


Árbol de Liquidámbar.
A medida que subimos más el paisaje fue tornándose mas de tipo templado, con infinidad de encinos de varias especies, e incluso el suelo cambio de textura a una mas arenosa, de color mas claro y en cuya hojarasca abundante nos percatamos de la presencia de unos ojillos rosados que al acercarnos resultaron ser un grupo de orquídeas de hábito terrestre.

Orquídeas de hábito terrestre creciendo entre la hojarasca del bosque de encino (Posible Bletia sp.)
Orquídeas terrestres.
Finalmente al cabo de unas 5 horas de intensa caminata de subida llegamos al cerro de la cruz, en dónde está una capilla dedicada precisamente a este ícono de la religión cristiana. Los guías con quienes fuimos nos platicaron que cada año se hace una larga procesión de feligreses que provenientes de las localidades cercanas a venerar a la santa cruz cada 3 de mayo, además es un altar a la Virgen de Guadalupe por lo que en menor medida este pequeño recinto en medio de las montañas se ve repleto de veladoras y flores para honrar la presencia de la Virgen.

Rústica capilla a la Santa Cruz en el cerro del mismo nombre.
La santa cruz. Atrás el buen burrito que cargó fielmente nuestra agua y comida.
Decoración de la capilla. Las flores de textura papirácea son hechas con las bases de
las bromelias que crecen epífitas sobre los encinos y otras especies arbóreas, en el área son
llamadas jarritos, pues guardan agua en su interior.


Después de admirar un poco la rústica capilla, esta es la vista panorámica que nos ofreció la cima del cerro la cruz hacia el sur, indagando posiblemente las inmediaciones fronterizas con la RB Sierra Gorda de Guanajuato.

Vista sur hacia la sierra gorda de Guanajuato.


Después de inventariar la zona y comer unos tacos de barbacoa ofrecidos por los guías, nosotros nos dispusimos a bajar, pues nuestro campamento estaba en el ejido, allá abajo y lo mas prudente era volver con luz para no arriesgar la marcha. A nuestro regreso nos topamos con una población bastante numerosa de pinguiculas, pero como era de esperarse estaban con su roseta de invierno, apenas y preparándose para florear, por lo que nos fue imposible identificar su especie.
Roseta de invierno de pinguicula, con sus hojas adhesivas a la espera
de pequeños insectos, otros más ya cayeron.


De vuelta a las zonas mas húmedas y protegidas encontramos un arroyo con alisos (Alnus sp.) que aunque por si solos no comprenden un bosque mesófilo de montaña, son un elemento conjunto e importante de su estructura arbórea.

Arroyito, se pueden ver los troncos veteados de la derecha, pertenecen a los alisos.

Desde una parte medianamente alta, pude ver la impresionante combinación de vegetación y orografía descendente hasta el valle de Río Verde.

Sierra de Río Verde con sus accidentados perfiles.

Los riscos también se hacen presentes y cuyas cumbres están coronadas de vegetación, sin contar que entre sus grietas y cizalles se agarran firmemente biznagas, zoyates, magueyes y palmitos.

Riscos.
Biznagas rupícolas (Posible Mamillaria sp.)

Antes de caer la tarde, tomé una foto panorámica de las cañadas donde celosamente se guardan los bosques de niebla y no es de extrañarse, pues la temperatura, la orografía, la humedad y el suelo es idóneo para que este tipo de vegetación tan amenazada encuentre un refugio más.

Cañada dónde se ubican los bosques mesófilos de montaña de Río Verde, S. L. P.
Y al volver a las cañadas umbrosas rebosantes de humedad, la tarde cayó lenta y aún se nos presentaron sorpresas, pues entre los helechos y troncos caídos nos fue posible hallar una especie peculiar de invertebrado que desconozco su nombre, pero aquí les muestro la foto.

Helechos (Posible Blechnum sp.)
Invertebrado entre la materia orgánica en descomposición.
Aún más abajo al pie de un cedro capturamos la fotografía de  un escorpión (Gerrhonotus infernalis). Cabe destacar que esta especie es temida en las localidades rurales debido a la creencia de que su mordida posee veneno y puede incluso llegar a causar la muerte, suceso que es totalmente falso, pero la creencia popular apoya mas el miedo que el respeto. Por lo general si este reptil es hallado por cualquier persona autóctona, terminara seguramente muerto a no ser que escape y corra con mejor suerte para la próxima.

Gerrhonotus infernalis, criatura hermosa pero temida por los pobladores
en base a la falsa creencia de que su mordida es venenosa y aunque así fuera,
son bastante tímidos y veloces, prefiriendo huir de la presencia humana.
Casi al término de la jornada de aquel día de diciembre, la tarde nos despidió con un espectáculo interesante, pues un pequeño enjambre de mariposas rayadas se arremolinaba en las ramas colgantes de un cedro seguramente dispuestas a descansar. La verdad, ya bastante repetitiva la imagen de las mariposas monarcas que colman las ramas de los oyameles en Michoacán, la escena de aquella tarde me resultó bastante diferente y grata. Además una imagen extra de una langosta con sus vívidos colores, la cual también ya iba en camino de algún refugio para pasar la noche, debido a sus hábitos diurnos.

Racimo de mariposas en una rama de cedro.
Langosta mostrando sus alas rojo intenso.

Aquella noche como imaginarán, dormimos rendidos aunque un poco adoloridos por la caminata y el suelo duro de la tienda de campaña...las recompensas implican esfuerzos.

A la mañana siguiente nos despertamos con un cielo nuevamente radiante de sol, con un cuarto menguante apuntando al sur por sobre las candelabriformes típicas del bosque caducifolio de la ranchería. Los mugidos alegres de un grupo de cebúes, bastante comunes en estas áreas agrestes y húmedas de San Luis Potosí por presentar pelillo corto y ser especialmente resistentes a las abundantes y molestas garrapatas, aunque reacias y de carácter desconfiado.

Mirada al bosque tropical caducifolio del Ejido El Nacimiento.
Ese día los niños, hijos del comisariado nos ofrecieron llevarnos a la cueva del nacimiento para buscar murciélagos, pues aseguraban que años atrás llegaron un grupo de médicos en busca de estos mamíferos con la finalidad de extraerles sangre y confirmar la presencia de la rabia en aquellas regiones. Al parecer no encontraron rastros de rabia en los murciélagos, no obstante nosotros al menos, tampoco hallamos ningún murciélago, pero les comparto una imagen de la boca  de la entrada desde donde se aprecia el exterior.

Entrada de la cueva de los murciélagos.
Y ya para despedir el viaje, los niños nos mostraron que la sierra te provee de todo lo necesario para vivir: agua, madera, leña, tierra fértil, refugio, piedras, alimentos de origen animal y vegetal, plantas medicinales y ornamentales, paixtle para las épocas decembrinas y hasta dulces tentaciones como las rojas pitahayas.

Y de recompensa unas dulces pitahayas...