16 enero 2011

Bosques y sierras de Río Verde S. L. P. Viaje II

Después de un par de meses a partir del viaje anterior, nos dimos a la tarea de volver a los bosques de los Ejidos San Diego y El Nacimiento, con la finalidad de inventariar la flora y fauna pero ahora a inicios de primavera, durante los últimos días del mes de marzo del 2010, finales de la estación seca.

Es muy interesante visitar los mismos bosques en las diferentes estaciones del año, en México son solo dos: la  húmeda y seca que se funden en diferentes matices y disponibilidad de recursos a lo largo del año, por lo tanto resulta erróneo concebir cuatro estaciones marcadas como en los países más nórdicos pues la realidad de los bosques de la sierra madre se limita a la disponibilidad de agua más que al clima, además, contrario a lo que la mayoría de las personas suelen pensar, los bosques que están en la sierra no son entidades estáticas pues experimentan un tránsito constante de elementos y recursos orgánicos e inorgánicos, el agua de lluvias que se acumula durante la época húmeda irriga los manantiales subterráneos y hace fluir los ríos y arroyos arrastrando sedimentos, las plantas presentan su crecimiento más conspicuo al término de las lluvias y por ende hay mas disponibilidad de alimento vegetal y la fauna, los descomponedores, hongos etc. hacen uso de ella eficientemente sin desperdiciarse biomasa.

En marzo, el trayecto fue el mismo, solo que esta vez nos fue posible acampar sierra adentro lejos del ejido, en un lugar entre la ranchería de Los Montesumas y Paso del Agua, justo al lado de un encino imponente que apenas y estaba mudando sus hojas, en espera de los nuevos brotes. 

Sitio de acampado al lado de un imponente encino (Quercus rugosa), nótese
el color del follaje, caracteristico de la estación seca.






 Aquel día se fue rápido, llegamos a media tarde y se nos pasó el tiempo preparando la comida, la cual consistió en unos huevos con chile, tomate, cebolla y un poco de jamón, tortillas de maíz y agua natural. Ese día nos dispusimos a recorrer el área cercana. Fotografiando algunas especies:


Lupinus sp. una leguminosa herbácea y terrestre bastante carismática, con sus flores color azul violeta.
Conopholis alpina una planta parásita de la familia de las Orobanchaceae muy fácil de encontrar creciendo en el sotobosque, le agrada alimentarse de los nutrientes que le provee su relación parásita con las raíces de los encinos.
Lagartija rayada del género Sceloporus.
El día siguiente amaneció radiante de sol, por lo que nos dirigimos a las partes altas de la sierra en busca de los bosques de pino. En cierta parte de la brecha que va al Cerro de La Cruz, el camino se corta y se desprende una  vereda mas o menos angosta en torno a una loma vecina por el mismo perfil del cerro, rumbo al suroeste. Poco a poco conforme uno se adentra más en la misma, se escucha mejor el rumor del agua corriente que baja, y en breve nos encontramos con una particular caída de agua, demostrando que hay sitios en la sierra en los que el agua posiblemente corra de manera permanente, o posiblemente no.

Pequeña caída de agua oculta al final de la vereda.

Poco más abajo corre el arroyo, dentro del cual vimos ajolotes y cercano a él nos fue posible ver una especie de rana la cual no recuerdo el nombre científico, pues como Juan es el que se dedica a la fauna, suelo aprenderme mas facilmente los nombre botánicos y olvidar los de fauna, pero aquí les dejo la fotografía de todas maneras:

Ranita descansando sobre la corteza de un encino, cercana al cauce del arroyo.
Arroyuelo de poco cauce, pero interesante fauna acuática, se pueden ver creciendo a un lado los alisios  (Alnus sp.) de troncos rectos y con tonalidades grisáceas.

De bajada al campamento, el dosel arbóreo nos ofreció una interesante y colorida vista de sus mejores galas anuales, pues es después de las lluvias cuando sus ramas cambian de hojas y al ir desprendiéndose  y muriendo cambian su composición química de la clorofila verde a los carotenos amarillos, naranjas y rojos, para finalmente tornarse color café al caer y formar parte de la densa hojarasca, protectora de las semillas durante las épocas frías y secas del año.

Dosel multicolor debido a lo caducifolio del follaje de los encinos que componen estos bosques.
Al ir avanzando la edad de las hojas, éstas cambian su clorofila por carotenos lo cual les brinda ese característico color entre amarillo y rojo tan contrastante con el límpido azul de los cielos en días despejados.

Llegando al campamento preparamos una comida rápida y a media tarde nos dispusimos a buscar agua, pues habíamos visto al subir un par de arroyos intermitentes, pero no sabíamos con exactitud su ubicación. Al poco rato de caminar un poco en busca del rumor del agua, efectivamente descubrimos que cerca del campamento aún corrían varios escurrimientos y arroyuelos de lluvia que aparentemente desaparecen en algunos puntos rocosos y refluyen en otros salidos casi mágicamente de entre las piedras bola del cauce. Es importante siempre hallar agua cerca a donde se acampa, y esa vez no tuvimos problemas, pues a unos 20 m del campamento nos hallamos con un estrecho cañón, creciendo es sus flancos magueyes (Agave sp.) y palmitos (Brahea sp.):

Uno de los arroyos se internaba en dicho cañón de piedra caliza, visto desde arriba un tanto profundo
de unos 8 m de altura y en su parte interna mas estrecha de unos 4 m de ancho. Visto hacia el oeste.
  Aquí pudimos abastecernos de agua suficiente. Cañón visto hacia el este. En las imágenes
de abajo mostramos el trabajo que la lenta disolución del agua sobre el carbonato del calcio de la roca
caliza de origen marino (conchas de invertebrados sedimentadas en capas de millones de años) provocan
en la formación de estalactitas y estalagmitas que al final se unen, pues con cada gota que cae, se añade
una capa microscópica de sedimento que va creciendo en miles y millones de años, por eso es un crimen
destruir tales obras magníficas.

Al volver aquella tarde una vez mas a la brecha que conduce al campamento, nos internamos en otra cañada, aquí encontramos otro escurridero intermitente desde lo alto de una pared caliza. Pero lo más interesante fue encontrar la especie de nogal Carya ovata, que a simple vista es una especie más del bosque, no obstante es una especie que suele vivir en conjunto en las comunidades vegetales de bosque mesófilo de montaña, por lo tanto es una pista más de que los bosques de Río Verde ofrecen relictos botánicos de este bosque tan amenazado.

Escurridero intermitente. eEstos escurrideros son cruciales para las aves, pues éstas suelen abrevar aquí debido a que están a salvo de los depredadores y el agua escurre limpia entre las piedras.

Carya ovata, especie vegetal asociada al bosque mesófilo de montaña en la Sierra Madre Oriental.

Mientras investigábamos el área de la cañada oímos a lo lejos la tracalada de un par de perros. Decidimos acercarnos un poco más, pues desconocíamos que allá adelante hubiese poblado alguno. Pero caminando entre la hojarasca nos topamos con un señor, Don Vicente, quién nos pidió que fuéramos a la ranchería de más adelante a ayudarle a echar andar su "ford" para ir a Cd. Fernández a comprar mandado. Al llegar a un rebaje al fondo de un valle aluvial, un "potrero", estaban un par de casitas de madera y techo de tejamanil y al fondo sobre la brecha, habíamos llegado a la ranchería: Paso del Agua.

Potrero en la ranchería Paso del Agua, un paraíso de silencio y soledad oculto entre las sierras de Río Verde.
Vista al nor- noreste.
La casita de Don Vicente, el adobe es el material de construcción
predilecto en la sierra y  muchas otras áreas rurales de México, siempre disponible,
barato, práctico, manejable, resistente y sobre todo aislante.
"Pasando corriente" La tarde se difunimó y Don Vicente pudo ir de vuelta
a Cd. Fernández, población vecina de Río Verde y parte del área urbanizada de la región.
El día que prosiguió lo teníamos todo completo para recorrer otro cañón aledaño que se abría paso al noroeste. Antes de internarnos en el cañón, entre la hojarasca algo batía sus alas con desesperanza, y en un instante de quietud ya no supimos bien de que se trataba, si ave o insecto, al acercarnos nos fue posible detectar el magnifico mimetismo de una hermosa polilla, tan fusionada al color de las hojas muertas que a simple vista parece formar parte de ellas:

Polilla oculta entre la hojarasca de encino.
 Entonces seguimos nuestro camino. Al principio se veía oscuro, con una tranquilidad muy extraña, pues no había ave alguna que cantase esa mañana, el cañón respiraba, se oía susurrar y solo los pasos pesados entre la alfombra de hojas repercutía en la quietud del paraje.

Un cañón bastante sombrío.

Al ir avanzando por fin nos llegó el sol a eso de las 10 de la mañana, apenas y los rayos penetraron la quietud y sentimos que el aire se respiraba mas cálido y perfumado en un potrero abandonado lleno de árboles de aguacate (Persea ap.).

Las áreas desmontadas con cercos de piedra y presencia de árboles o
plantas útiles al hombre suelen ser los vestigios del uso que los lugareños le brindan
a ciertos parajes serranos.

Seguimos subiendo cada vez mas, encontrando nuevamente un arroyo intermitente que con alevosía ocultaba la elegante efigie de las Coronas de San Pedro (Cornus disciflora) interesante árbol de la familia Cornaceae también gustosa de las cañadas umbrosas y húmedas y presente por su puesto en los bosques mesófilos de montaña.


Corona de San Pedro (Cornus disciflora) oculta en una cañada
por donde corre un arroyo intermitente.
Aún más arriba, dónde las sombras y los recovecos rocosos ya no tienen lugar, aparecieron intempestivas las especies rupícolas, pues se antoja extravagante encontrar una biznaga  (Mammillaria sp.) del tamaño de un melón floreciendo a todo fulgor en el despeñadero de una pared vertical al lado de la abandonada brecha, sin olvidar a una particular "siempre viva" (Echeveria sp.) de hojas angostas y carnosas creciendo entre los escollos pétreos.

Mammillaria magnimama (saxicola) en floración, pleno marzo
y bastante cargada de botones sin abrir.
Siempre vivas
 Al bajar de nuevo al campamento para pasar la última noche, pudimos hablar con un trío de muchachos de la ranchería Los Montesumas, quienes comentaron que la brecha que seguimos pero que no llegamos hasta la parte final, conduce a un paraje donde está la Gruta La Catedral, habilitada para recibir turistas que por lo general provienen de San Luis Potosí. Ya en la mañana y nuestro último día en la sierra, la suerte nos sonrió pues amanecimos con un cielo brumoso y nublado. 


Día nublado en una de las milpas del Sr. Miguel, comisariado ejidal de El Nacimiento.

Rascadero de venado.
Al llegar al ejido, nos comentaron que hacía un par de minutos habían visto unos venados en las milpas, por lo que fuimos a ver si aún andaban merodeando por ahí. Solo hallamos sus "pasadas", algunas "excretas" y un visible "rascadero", por lo que creemos que las hembras andaban muy bien acompañadas. 

Aquel día antes de partir desayunamos unos exquisitos tacos de nopalitos silvestres, flor de palma y queso fresco hecho en la región y asi acabó el viaje a las sierras de Río Verde, pero esperamos poder volver a ir este año que apenas comienza.

Nopalitos del monte guisados y en tacos, eso si es alimento para la vida.