08 febrero 2011

Cycadas, matorrales espinosos y erosión

Hola compañeros.

El día de antier Juan y yo decidimos salir a conocer un poco más los alrededores serranos de Linares y viajando nuevamente por la carretera a Iturbide a la altura del ejido El Troncón, tomamos una carretera comunal rumbo a los ejidos de San Rafael, Caja Pinta, La Carrera, El Mosquito, El Fresno, San Francisco Tenamaxtle, Los Alamos y otros más que se hallan cercanos.

Nos sorprendió ver lo verde de aquella carretera angosta, pues aunque los matorrales espinosos tamaulipecos son típicos en Linares, en este sitio con la sierra enmarcando el fondo, los árboles de aguacate, la claridad turqueza del río que baja desde la sierra y algunas palmas coronando los límpidos cielos de invierno, el paisaje se nos tornó por momentos un tanto más tropical, mas exuberante aunque estemos en pleno invierno y acabamos de pasar uno de los frentes fríos mas severos de los últimos 10 años.

Aún así, llegamos al ejido Los Alamos, ya casi en el faldeo de la sierra con sus casitas de adobe y sus majadas de cabras ramoneando todo a su paso.

Debido a las condiciones secas del invierno en el matorral espinoso tamaulipeco, la cría de ganado 
caprino se vuelve una opción de ingreso para las familias del lugar. Las cabras son mucho 
mas adaptables que el ganado bovino, comen todo tipo de forraje y son una fuente de leche y carne.
 
Sin saber bien el rumbo de nuestra visita nos internamos en una brecha de las muchas que hay en esos parajes, unas llevan a los ranchos, las labores, las pastas, los corrales...Y de pronto, el paisaje se tornó bizarro con su vertebradura desmoronada en lodo y arcilla, con el matorral y la sierra madre oriental al fondo en el suroriente.

La remoción de la vegetación que cubre el suelo provoca que al abandonarle
esté propenso a la acción erosiva del agua y el viento, que con su incesante paso arrastra
partículas y sedimentos provocando estas impresionantes cárcavas que año con año se hacen
mas profundas, pero no imposibles de remediar.
Cárcavas provocadas seguramente por un mal manejo del suelo, donde la remoción
de la vegetación deja al suelo sin protección propenso al agua, el viento, la insolación etc.


Anduvimos vagando un poco en este paraje desolador pero llamativo, pues las cárcavas figuran como pequeñas edificaciones que invitan a imaginarse montañas, cavernas y cañones en miniatura, por dónde transitan roedores, insectos y las plantas se aferran para no ser arrastradas en las próximas lluvias.

Como profundos cañones, las cárcavas se abren paso cada que la lluvia arrastra
mas sedimentos, erosionando el suelo incapaz de recuperarse por si solo.
No obstante algunos intentan con sus raíces aferrar un poco de suelo para crecer.

Al borde.



Cuando nuevas áreas del matorral fueron desmontadas para dar paso a la creación de tierras de labor o praderas para el pastoreo de ganado principalmente bovino, también se dio paso a la erosión. Sin saberlo, los pobladores de las regiones semiáridas de México, van agrandando un problema de magnitudes a menudo insospechadas, que provoca la temida condición de suelos infértiles y degradados, incapaces de volver a sostener vida, por ende incapaces de volver a recuperar la vegetación original que alguna vez tuvieron. 

El paisaje es desolador, pero resulta más desolador que el problema
se agrave y los propietarios de la tierra no se ocupen en remediarlo.


La erosión es un proceso natural, pero las actividades antropogénicas agudizan la condición del suelo, y en un área como Linares donde llueve menos de 650 mm de lluvia al año, la recuperación de la vegetación es lenta y muchas veces el agua de las tormentas termina arrastrando la poca capa vegetal que logra germinar en estos yermos paisajes. Es necesario poner en práctica un manejo integral de las tierras ejidales. 

Vista NE del área.

De vuelta al matorral es agradable ver que no todo es pérdida de suelo y cárcavas, también hay organismos como los líquenes y las plantas epífitas cuyo singular arraigo crean pintorescos tapices sobre las cortezas de los árboles propios de este tipo de vegetación.

Dos "gallitos" de la familia de las Bromelias, misma familia de la piña y
el paixtle usado para adornar los nacimientos en navidad, creciendo al lado de líquenes
en la rama de un huaje.
Mas al suroeste, por la brecha que sigue a las rancherías que están en el faldeo de la sierra, encontramos una maravillosa sorpresa, pues justo al lado del camino se hallaba creciendo una singular forma de vida en peligro de extinción y con una historia natural bastante antigua, nos referimos a una cycada, ubicada en la esquina inferior derecha de la fotografía siguiente. Sorprende en verdad ver este tipo de vegetal creciendo en condiciones que podrían resultarle un poco adversas, sin mencionar que la erosión es un enemigo constante también, pero nos alegró ver que aparentemente hay una población saludable creciendo en la zona del ejido Los Alamos,y por ser una especie protegida por la ley federal, así como bastante carismática en las plazas y jardines del área metropolitana de Monterrey, bien vale la pena realizar un estudio enfocado a determinar  su densidad, pero sobre todo para ver la percepción de los pobladores en busca de las posibles amenazas a sus poblaciones y las mejores estrategias para conservarlas.

La brecha en el matorral y la cycada.
Poblaciones de cycadas crecen en la transición del matorral espinoso
al matorral submontano de la Sierra Madre Oriental.
En conclusión a esta salida vislumbramos que mientras la frontera agropecuaria se expanda, seguramente lo hará la erosión y mientras no se le enseñe al ejido a remediar aquellas áreas ya degradadas como ésta en el ejido Los Alamos, terriblemente caeremos en un problema mucho mayor el cual ya no podrá ser contenido con técnicas preventivas tan sencillas como las presas de piedra acomodada, las trincheras, las presas de llantas, las presas con gaviones etc. El suelo es el principal recurso a proteger, sin el no hay alimento, ni cobertura, ni mucho menos agua.