28 febrero 2011

Fósiles y cactáceas

Hace 2 sábados, uno de los primeros días de renovado calor en el estado de Nuevo León, le propuse a Juan llevarlo a conocer el municipio de Rayones y sus alrededores. Rayones es un municipio serrano en su totalidad, cuyo nombre se le concedió en honor de los hermanos Ramón, Ignacio y Francisco Rayón, personajes que lucharon por la independencia nacional, aunque anteriormente se llamaba San Miguel de Tasajal.

Se accede a Rayones por la Carretera Nacional 85 a la altura mas o menos de la Congregación Calles, coloquialmente llamada El Blanquillo en el municipio de Montemorelos, posteriormente se  entronca con una carretera estatal angosta y un poco dañada por el paso del Huracán Alex cuyo paso en julio del 2010 dejó pedazos de carretera carcomidos así como taludes del cerro derrumbados, eso si, uno que otro bache. La carretera atraviesa el Valle del Pilón, río que baja desde la sierra de Galeana y baña los naranjales de Montemorelos, durante el paso por el valle abundan las quintas y nuevos fraccionamientos "ecológicos" que de ecológicos solo tienen eso, el nombre. Y poco más de 25 minutos uno empieza a tomar ahora curvas que serpentean la montaña, hasta llegar a un mirador cercano a la torre de Microondas desde donde se pueden divisar los cañones que parten la sierra, así como las laderas con vegetación de matorral submontano un poco "tostada" un tanto por el invierno y otro tanto por la helada de enero.

Las laderas de matorral submontano se tornan de colores vivos al paso de la helada de enero,
al fondo se divisa un valle que encaja y parte a la sierra por un profundo cañón.
Desde el valle empiezas a adentrarte entre montañas agrestes que fueron recortadas para que pasara la carretera, y de estar a unos 400 msnm en los valles de Montemorelos, el municipio de Rayones te da la bienvenida a unos 1500 m, donde ahora los encinos y uno que otro pino reclaman las laderas, no obstante posterior al interesante acenso comienza el sinuoso descenso hasta posicionarnos de nuevo a unos 900 msnm a la vera del Río Casillas, cuyo puente dejó incomunicado a toda la cabecera durante los días del meteoro en julio del año pasado.

Puente pasando la localidad de La Nutria, aquí el Río Casillas que baja
desde las partes mas agrestes de la Sierra de Rayones.
Explorando el río, nos encontramos inmersos en una eternidad de cantos rodados por el incansable paso de las aguas cada época de lluvias, estas piedras son comúnmente llamadas piedra bola y las usan para adornar jardines, hacer bardas, fuentes, maceteras y hasta casas. No hay una igual a otra y además de blanquear las orillas de los ríos serranos con su mondo perfil son el hogar de muchos invertebrados que se ocultan debajo en busca de protección contra la insolación excesiva y los depredadores.

Alguna especie de araña lobo protegiendo sus huevos en un ovillo de particular
tonalidad azul que casi podría confundirse con una más de las piedras del río.

Catarina descansando en una hoja muerta cerca del río.

Los heelers no pudieron dejar pasar la oportunidad de nadar y retozar un rato,
figurando nutrias y haciéndole honor al paraje cercano.
El paso del agua y la acción del viento dejan tras de si numerosas impresiones en la arena silícea, tal montañas y paredes labradas en miniatura hechas con la arena que arrastran los ríos, y si las condiciones de humedad permanecen, estas impresiones también, derrumbándose irremediablemente conforme la arena se seca y pierde cohesión.

Escalinata labrada en la arena silícea del río.
Después de deambular unas horas en las orillas del río, nos dirigimos a la cabecera de Rayones, pero debido al movimiento de personas, niños y perros por ser un sábado después de medio día, decidimos pasar de largo para no interferir la actividad con nuestra presencia y por su puesto la de los perros de pueblo tomando la siesta de las 2 de la tarde en las banquetas altas de las callejuelas empedradas, quienes tan solo con oír el sonido del "motor" diferente a los habituales, brincaron como resortes de su profunda modorra para perseguirnos eufóricos por dos o tres cuadras en una algarabía  de ladridos dentro y fuera del carro, pues estas fieras de rancho no permiten la llegada de perros fuereños intrusos.

Entonces seguimos de lleno por el camino que va hasta Casillas y Santa Rosa, tornándose desértico el panorama de la sierra del medio día  y levantando polvareda  entre las nogaleras resecas de invierno, pasando por un vado, en cuyo flanco nos sorprendió el grato reflejo de un señalamiento que creía casi imposible de ver algún día en los ríos de Nuevo León:

Bendito señalamiento que prohíbe la entrada de cualquier moto, jeep, carro,
cuatrimoto etc. a  los ríos de la localidad. 

Entonces después de andar unas horas lo apreciamos, pudimos sentir la gratitud de estar en una zona privilegiada por su aislamiento geográfico y genético amurallado entre millones de años de evolución y formación geológica de las montañas de la sierra madre oriental en el estado.

Cañones hábitat de muchas especies de cactáceas saxícolas.
Rayones es un reservorio  natural y genético de cactáceas pues en sus múltiples cañones y paredes abundan cactáceas saxícolas que significa que crecen entre las grietas de las rocas, encontrando ahí su hábitat predilecto especies como Ariocarpus scpahirostris (en peligro de extinción y endémica de Rayones) también llamada patita de marrano y gallito, el famoso Aztekium ritteri, el Thelocactus tulensis ssp. bueckii (amenazadas), Mammillaria pilispina (sujeta a protección especial) y Echinocereus rayonensis (endémica del valle de rayones).

Thelocactus tulensis ssp. bueckii cuyas especies están amenazadas.

Echinocactus platyacanthus, biznaga burra usada para hacer el tradicional dulce de acritrón,
una de las razones por las cuales está bajo protección especial por la NOM- 059.

Neolloydia conoidea sp. creciendo sobre una piedra.

Mammillaria winterae  a punto de florear.

Colonia de Neolloydia conoidea.
Unas horas después de la caminata bajo el sol del medio día y sin nada de alimento en el estómago, decidimos retornar nuestro camino rumbo a la cabecera, y al voltear atrás las paredes bullían de vida, es gratificante ver que aún quedan poblaciones de cactáceas en el estado, pues la obsesión que muchos extranjeros alemanes, estadounidenses, japoneses etc. tienen por coleccionar cactáceas raras a menudo resulta insaciable. Afortunadamente los pobladores de Rayones ahora saben el tesoro que resguardan y ya no permiten tan facilmente que gente extranjera se lleve sus "biznagas" y sus "patitas de marrano".


Las biznagas se aferran a crecer entre las piedras. 

Y como último recuerdo de este viaje nos llevamos la postal de un río sin agua y sus piedras como rompecabezas llenos de fósiles de moluscos con sus conchas delatoras, antiguos vestigios de mares inmemoriales de otros tiempos pero mismo espacio.



Las piedras cargadas de fósiles marinos se desprendieron del sedimento, 
el ahora invisible río las arrastró por miles o quizá millones de años en un juego interminable 
cada lluvia, las transformó a lo que ahora vemos como una obra de arte suerralista y natural.

Y así nos despidió el un arroyo seco en Rayones la tarde de un sábado de febrero.


Si les interesan las cactáceas de Nuevo León les recomiendo la pagina de la Sociedad de Cactáceas y Suculentas del Estado de Nuevo León.

http://www.scysnl.org/