28 abril 2011

El patio ecológico

Ahora que llegó la primavera, me he dado a la tarea de devolverle vida al pedacito de tierra de patio que tengo en la casa en la que vivimos todos actualmente.

Cuando llegamos en Septiembre del 2010, parecía tan tentador, pues vislumbré múltiples plantas, árboles nativos y árboles frutales, hortalizas, cactáceas... creciendo a placer en un área tan castigada por el sol tórrido del noreste. Pero sembrar en un área con el suelo tan erosionado como el de mi patio no es labor sencilla, cuesta tiempo, sudor y a menudo muchos recursos como agua, fertilizantes, abonos, materiales, incluso plantas caras y/o exóticas etc. pero yo no me lo tomo tan en serio...pues unas llantas viejas, cuilotes de yuca (el palo seco que queda de la inflorescencia), rafia, algunos metros de malla sombra, botellas recicladas, piedras  y muchas ganas mezcladas con mucha paciencia hacen la gran diferencia. Antes de continuar, debo decir que hay a quienes no les importa mucho que la tierra este suelta y haga polvo, sin embargo, entre Juan y yo nos dispusimos a cambiar la situación para que a mediados de año, antes de que las lluvias comiencen, no tengamos una laguna de lodo yerma.

Moka y Perdíz tomando un baño de sol sobre la tierra caliente un día de invierno.
La Meztli con sus habituales baños diarios de polvo al medio día.
 Otra de mis metas y mis inquietudes es la creación de un huerto con árboles frutales, y aunque estoy consiente que muchas especies son traídas de otras partes lejanas del mundo, debo confesar que la vida en México no sería la misma sin la refrescante agua de tamarindo (Tamarinus indica) o el dulce sabor de un licuado de plátano (Musa paradisiaca)  por la mañana.

Plántula de tamarindo apenas con sus cotiledones en un vaso deshechable reciclado de una fiesta.
Más tamarindos al lado de mis cactáceas, todos en vasos reciclados, incluso de la cafetería
de la escuela.
Plátanos rescatados. Ya estaban cuando llegué, pero vivían en un rincón y sobrevivieron a la helada de febrero.
Ya con el tiempo iré subiendo más fotos de unas papayas que tengo, además de chile serrano, poblano y morrón que sembré hace algunas semanas. Por lo pronto los dejo con una interesante nota acerca de cómo los expertos en creación de jardines consideran una serie de reglas para considerar un verdadero jardín ecológico.

Jardines caseros, con costo ecológico

Fuente: CNNExpansión.com
06 de Julio de 2008
Un área verde es positiva para el ambiente por tener árboles y plantas que absorben el dióxido de carbono, sin embargo, hay jardines cuyo mantenimiento se convierte en un costo para el ambiente y en una carga para el bolsillo.

Generalmente, se pone un jardín para que se vea bonito, que luzca, pero hay que tomar en cuenta los elementos ambientales… porque esa buena intención puede convertirse en una práctica ambientalmente no tan favorable, advierte la bióloga Hazett Cervantes, directora del jardín botánico del Centro de Información y Comunicación Ambiental de Norteamérica (Ciceana).

En las urbes donde hay concreto sobre concreto, el suelo está erosionado y un jardín resulta costoso pues implica traer y pagar por la tierra, las plantas y el agua. Esto sucede en zonas de la Ciudad de México, como las Lomas de Chapultepec, Bosques de las Lomas e Interlomas, explica el arquitecto paisajista Kees van Rooij.

En casos extremos en los que no hay áreas verdes por plantar, se recurre a los jardines, que aunque sean sustentables, como los que diseña Van Rooij, son superficiales. Además del costo del arquitecto paisajista, también aumenta el costo del metro cuadrado de área verde.

Para que un área verde sea verde, de verdad hay que seguir algunos pasos.

Muchos de los que quieren un jardín en su casa compran, por 30 pesos, costales rellenos de tierra sacada de bosques, riegan el pasto durante horas y al mediodía, para que agarre, y compran flores exóticas a vendedores no certificados que también han saqueado las plantas. El resultado es un jardín que no es verde. Aquí los peores errores:

1. Costales de tierra



Se compran para remediar la tierra erosionada pero muchas veces contienen tierra que se ha saqueado de los bosques, por lo que se daña un área verde para establecer otra. Lo que no hay que comprar nunca es la tierra con hoja de encino o de pino de bosque, porque ésa, la sacaron a fuerza o la robaron de los bosques, dice Van Rooij.

Solución: Comprar en viveros certificados costales de tierra de cultivo o de lombricomposta que, además, funciona como fertilizante natural y cuesta unos 5 pesos el costal y si se utiliza bien y si se le añade un poco de hojarasca es equivalente a cuatro o cinco costales de tierra. Todavía no hay un sello que identifique los viveros en los que se puede comprar la tierra, pero la bióloga de Ciceana recomienda preguntar si se siguen los procedimientos aprobados por la SEMARNAT.

2. Riego a mediodía

Cuando se riega a media mañana se necesita el doble de agua porque la mitad se evapora con el sol. Un metro cúbico de agua en el Distrito Federal cuesta $2.25 pesos, si no se consumen más de 30 metros cúbicos (m3), pero si se pasa de esta medida, el precio por m3 incrementa a unos $6 pesos. El costo real de un m3 es de unos $12 pesos, según datos de la Comisión Nacional de Fomento a la Vivienda (Conafovi).  Para regar un metro cuadrado se requieren entre 2.5 y tres litros de agua, con clima fresco se puede bajar a un litro.

Solución: Regar muy temprano o muy tarde en el día, dice Cervantes, o, si se puede, invertir en un sistema de canaletas que capten el agua de lluvia que cae del techo de la casa y de ahí se filtre y transporte, por medio de tubos, a una cisterna. Esto puede costar unos $20,000 pesos, aunque después de esta primera inversión, ya no se pagará por agua para regar el jardín, además de que, para el futuro, tendrá menos problemas de agua que otros, por la capacidad de almacenaje. Cualquier cisterna tiene un costo aproximado de $2 pesos por litro de agua, así una de 1,000 litros cuesta unos $2,000 pesos, acota Van Rooij.

3. Introducir especies exóticas

Hay ejemplos muy claros de especies que se trajeron a México y no fueron favorables, como el eucalipto australiano que llegó en los años 30 porque se podía plantar en zonas con poca profundidad en el suelo. El eucalipto ganó la competencia con las especies locales y fue secando los mantos acuíferos. No es lo mismo tener especies locales que favorecen a las áreas locales y permiten que sigan llegando los animales locales, a que tengas otras especies que pueden crear cierto desequilibrio ecológico. Cuando metes un organismo a un ecosistema, compite con lo que hay y el problema radica en que si no existe un predador u otro organismo que lo controle, se convierte en plaga, alerta Cervantes.

Solución: Plantar especies locales o, si van a sembrar las exóticas, que se haga con conocimiento de causa y asesoría de los expertos y evitando comprar a los vendedores en las calles. Plantas exóticas, como las patas de elefante, deben tener un certificado; de lo contrario, es muy probable que hayan sido saqueadas y que por el maltrato al que fueron sometidas vivan menos tiempo.

4. Fertilizantes y plaguicidas químicos


Este tipo de productos contamina el suelo y el agua, además de que hace desaparecer a muchos de los microorganismos que mantienen las áreas verdes vivas y trabajando. Esa poca área verde que tienes es muy probable que termine contaminando tu suelo y lo vas a ir matando, advierte Cervantes.
Van Rooij añade que, además, puede ser peligroso para los perros o los niños que jueguen en el jardín.
Solución: Se puede comprar lombricomposta, que si se mezcla con hojarasca se puede utilizar como fertilizante y dura hasta dos años. El líquido que sale de la lombricomposta también se puede emplear para combatir plagas. Fumigar tampoco es una solución, si realmente tienes una plaga es porque hay plantas que no son locales sino exóticas y no se adaptan, o porque no hay suficiente tierra o ésta es de mala calidad, añade Van Rooij.

El jardín de mi edificio

Los constructores de grandes edificios en las ciudades crean jardines superficiales, que no son siempre la mejor práctica. Tiene una parte positiva y una gran parte negativa, dice Van Rooij. La positiva es que hay plantas, la negativa es que el agua nunca llega al suelo pues son sistemas de ingeniería que pretenden funcionar como funciona la naturaleza, por medio de losas y drenajes internos. El costo de área verde se ha duplicado, explica el arquitecto.

Es más importante el coche que el árbol

Cuando los constructores piden permiso para un edificio, la ley les exige cierto número de cajones de estacionamiento por departamento o metro cuadrado de construcción, por lo que si el predio es de 50 por 100 metros se excavan los 50 por 100 metros para el estacionamiento y se olvida el área verde natural. El problema de su coche es más grande que el ambiental, señala Van Rooij. Esto causa que el suelo no capte el agua de lluvia sino que se vaya al concreto y así se secan más los suelos y se inundan los drenajes. Más allá del costo del arquitecto paisajista o del área verde falsa, se deja una huella ambiental porque se está acabando con los suelos.