26 junio 2011

Borrados de Nuevo León por Jorge H. Elías

 Hola. 

Ya saben, navegando de aquí a allá, curioseando y divagando con todo lo que se relacione con la Sierra, me encontré hace como 1 año un Blog bastante interesante cuyo autor Jorge H. Elías lo llama Leoncillo Sabino, las cosas que veo y que me miran.

La verdad que es un Blog único en su tipo de los muchos que han de escribir los habitantes de Monterrey, es uno de los sitios en los que he podido leer acerca de la historia de nuestra ciudad norestense, y lo mejor de todo es que no solo se limita a relatarnos la historia a partir de la conquista, sino  que vislumbra con amplitud los tiempos más antiguos, desde que las tribus Chichimecas vagaban libres por estas agrestes regiones y lo más sorprendente!!! en su entrada de ayer el autor nos compartió su visión, bastante acertada quizá, de los rostros que pudieron haber tenido los primeros y legítimos habitantes del noreste de México a través de imágenes realizadas por él, pues creo haber olvidado mencionar que J. Elías también es pintor.

Bueno ya sin tantos rodeos aquí les dejo la entrada de ayer que la verdad me ha cautivado. Los invito a imaginar como pudo haber sido la vida de estas tribus en los flancos de la Sierra, qué comían? dónde se refugiaban? cómo cazaban? cómo se divertían? y lo más importante... porqué los olvidamos?

Borrados de Nuevo León


Con tatuajes inscritos “arbitrariamente” en todo el cuerpo, o en parte de él,  como algún autor de la época lo señala, transitaban por la Sierra Madre sus originarios habitantes. Ellos se referían a sí mismos con nombres que tenían un sentido, una razón, un significado quizá ancestral, religioso o cultural. Haciendo referencia al suelo donde nacieron, a la naturaleza que los rodeaba, a sus costumbres, es difícil saberlo. Cuando llegaron (o llegamos, después de tantos años ya no es fácil diferenciarlo) los invasores con su superioridad tecnológica y bélica,  le pusieron nombres, o nombretes a los grupos de tribus conocidas como Chichimecas por los mexicanos de lengua nahuatl. Uno muy generalizado fue el de borrados. Quizá por el hecho de estar tatuados. Entonces la palabra tatuaje no existía en el lenguaje hispano. Para los europeos acostumbrados a escribir sobre papel y borrar cuando se cometía algún error, tachando la palabra con una línea o un borrón, les fue, digamos natural, bautizar a aquellos extraños individuos llenos de líneas, trazos y borrones en su cuerpo con el nombre de “borrados”. Sin embargo con este nombre se abarcó, según dicen quienes saben, a muchos grupos de personas diferentes que podían ni siquiera tener el mismo idioma u origen cultural. Hay algunos estudios sobre estos grupos que poblaron el Nuevo León prehispánico y seguro faltan muchos más para llegar a conocer un poco sobre las costumbres, tradiciones y vivencias de nuestros antepasados indígenas del noreste de México.

 
Como es sabido, estos grupos de indios trashumantes fueron congregados en pueblos o encomiendas, también llamados congregas. Dos de ellas en Montemorelos: Purificación y Concepción. A lo largo de los siglos XVII y XVIII fueron adoctrinados intensamente por los frailes franciscanos quienes además trasladaron a otro grupo nativo más dócil y civilizado (según sus estándares): los Tlaxcaltecas.  Y fue así como a principios del siglo  XVIII aparecieron los Pueblos de Indios de Nueva Conversión con familias tlaxcaltecas que servían de ejemplo a los demás grupos. A estos tlaxcaltecas se les llamaba madrineros y tenían la tarea de actuar como agentes de culturización y pacificación de los indios bárbaros. Al finalizar el siglo XVIII ya era difícil distinguir entre los indios de las diferentes naciones o tribus. Se habían mezclado. Habían cumplido su misión. Los libros de bautizo, matrimonio y defunciones de los pueblos de Purificación (hoy Gil de Leyva) y Concepción (hoy Escobedo) en Montemorelos revelan los nombres con que estos grupos fueron conocidos a lo largo de aquella época. Pedro Gómez Danés en su estudio sobre estas dos misiones (Cfr. Gómez Danés, Pedro Las Misiones de Purificación y Concepción Facultad de Filosofía y Letras, Monterrey 1995) los enumera.  

Aquí les dejo la lista por orden alfabético:

  1. aguatinejos,
  2. bocapintas,
  3. borrados,
  4. cacabras,
  5. cacalotes,
  6. Cadima (Nacion),
  7. canaynas, 
  8. cometunas,
  9. domisaguanes, gavilanes
  10. guazames o guarames, 
  11. guaxolotes,
  12. guijolotes
  13. huimexises,
  14. juarames, 
  15. lumbres,
  16. mexquitillos,
  17. naras
  18. narices,
  19. nazcas,
  20. otomites,
  21. pamoranas,
  22. paysanos,
  23. pelones,
  24. rayados
  25. tobosos,
  26. tortugas,
  27. venados y
  28. zacatiles
Yo quiero imaginarlos. Con sus tatuajes,  escaso atuendo, su piel color bronce y el rostro horadado por el intenso sol norestenese.  Las ilustraciones de este escrito son bocetos a lápiz que dibujé con un poco de imaginación y tratando de copiar los rasgos faciales de indios de norteamérica emparentados muy probablemente con aquellos que vivieron en el Noreste de México. Me hubiera gustado tener un indio borrado delante mío, quizá hubieran salido mejor.