08 noviembre 2011

La vida del biólogo norteño

Hace mucho que no escribo. Esto es debido a la gran cantidad de trabajo que he estado armando para la conformación de mi tesis de Maestría con especialidad de Ciencias Forestales, inclinada por su puesto a la flora de la sierra y a la fitogeografía de los elementos que la componen.

Cuando eres estudiante de biología, todo parece como estar en una juguetería, cada laboratorio es un portal a otro mundo, con la maravillosa particularidad que todo tiene una conexión, porque somos estudiosos de la vida, desde las ínfimas bacterias, hasta la más grande y longeva secuoya, entonces bacteriólogos y botánicos compartimos esa pasión inigulable que produce el estar tan enamorado de la vida a tal grado de volverse todo un estilo de vida que muy pocos comprenden.

Reserva de la Biósfera Pastizales de Janos, Chihuahua, México.

Yo soy bióloga y me titulé hace poco más de cinco años trabajando con tres especies de aves migratorioas y carismáticas de pastizal en el estado de Chihuahua (el tecolitito llanero Athene cunicularia, el chorlito llanero Charadrius montanus y el Zarapito picolargo Numenius americanus), más especificamente en los pastizales del municipio de Janos de enero a marzo del 2006 en la Reserva Ecológica Rancho El Uno con sus 18,500 hectáreas, actual sede de la Reserva de la Biósfera, y a escasos km de distancia de la frontera con Nuevo México, fue una experiencia espectacular, los pastizales son ecosistemas muy ricos contrario a lo que se piensa por verlos áridos y sin árboles, son un acerbo de gramíneas impresionante y son el hogar de muchísimas especies de mamíferos y aves sobre todo migratorias, al parecer su riqueza mastozológica solo es superada por la de la Selva Lacandona, con la diferencia de que en Janos, cualquier día puedes ver con facilidad perritos de la pradera, hurones, coyotes, tejones, liebres, conejos, zorrillos, zorritas, puercoespines, gatos monteses y actualmente hasta bisontes.

Cría de gato montés (Lynx rufus) Foto de J. Cruz Nieto.

Tlalcoyote (Taxidea taxus) Foto de J. Cruz Nieto.

Zarapito pico largo (Numenius americanus). Foto de J. Cruz Nieto.
Perrito de las praderas de cola negra (Cynomys ludovicianus) el habitante más carismático de los pastizales de Janos y un verdadero ingeniero del entorno. Foto de J. Cruz Nieto.
Zorrita norteña (Vulpes macrotis) descansando en su madriguera, son muy activas de noche.

Bisonta recien parida en el 2010, su cría fue otra hembra. Foto de Jose Luis García Loya.

Puercoespín (Erethizon dorsatum), un habitante difícil de hallar, pero fácil de fotografiar debido a su lentitud y su carácter tolerante, pues sus espinas son su mejor defensa y no precisa escapar. Foto de  J. Cruz Nieto.


Pollos de búho cuernos largos (Asio otus), registrado por primera vez anidando en Janos en el 2007.

 Estando en Janos, a mi consideración, en uno de los estados más agrestes y maravillosos de México, en Chihuahua, no pude evitar el volver para quedarme a trabajar ahí todo un año entre el pastizal, los hemedales y los bosques antiguos de la sierra. Llegué un 14 de octubre del 2006, después de una santa paseada con el gremio ornitológico de la Facultad de Ciencias Biológicas en el North American Ornithological Conference en Boca del Río Veracruz, fue aquí donde vi por primera vez el espectacular Río de Rapaces. Aquel día de llegada al Rancho en Janos me recibió este atardecer.


Un día cualquiera en el pastizal de Janos puedes ver de todo, desde águilas reales cazando, jaurías tremendas de coyotes aullando al unísino que hasta la piel se enchina quizás por la remembranza de cuando éramos presa, casas abandonadas con lechuzas de campanario anidando en ellas, tlalcoyotes cavando sus madrigueras, vacas muertas llenas de toda clase de carroñeros y oportunistas, piaras de jabalíes, puntas de flecha también llamadas "chuzos", cactáceas solitarias, buhúos de cuernos cortos ocultos en medio del pastizal, víboras de cascabel por montones, explosión de flores después de las lluvias, caballos ferales, pedazos de vasijas enterrados, escarabajos peloteros, tortugas de caparazon pintado... un sinfín de seres de las más variadas formas, pero que desafortunadamente ven su hábitat en riesgo debido a la apertura de caminos, la expansión de la frontera agrícola por parte de los mexicanos y las colonias menonitas, así como el uso de pesticidas, y porqué no? también la cacería y envenenamiento de los llamados " animales indeseables". Rumbo a Ciudad Juárez, una ciudad en medio de un desierto tórrido y hermoso, pero vejada por la mala fama que le crean las personas y sus problemas, está el desierto de Samalayuca con sus dunas, uno de los paisajes más extraños y hermosos que haya tenido la oportunidad de apreciar en Chihuahua.


Explosión de flores después de las lluvias, al fondo de la foto un presón lleno de agua.

Zinnias.
El Lobo y el Winy, los cuidadores del Rancho El Uno.

Rancho El Uno en la nevada del 2007.

La sierra de Janos nevada.
Después de la nevada, la nieve se va derritiendo y el agua se infiltra a los mantos freáticos.

Madriguera de búho de cuernos cortos (Asio flammeus)
Colección de egrarópilas y restos de plumas y alimentos de búho de cuernos cortos
Musaraña momoficada.
Tecolotito llanero atropellado en el camino que va al ejido Pancho Villa.
Cultivo menonita, la remoción del pastizal para abrir tierra de cultivo, fomenta la erosión,  un problema grave que aqueja a los pobladores janenses y obviamente a la diversidad biológica del área, todo se vuelve polvo y se lo lleva el aire.

Las dumas de Samalayuca, municipio de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Pero no todo en Janos es Pastizal, la parte sur y poniente del municipio toma una porción interesante de la Sierra Madre Occidental, localidades como Ojo Frío, Altamirano, Ejido cinco de Mayo, Casa de Adobe y Mesa de las Guacamayas, la barranca de Tasahuinora con sus cuevas con arte rupestre, Cañón obscuro, Presa Casa de Janos, Tres Cruces... son algunos puntos dignos de mención. Aquí fue donde por primera vez vi osos negros y conocí los bosques antiguos con sus abies y preudotsugas de más de dos metros de diámetro increiblemente bien conservados y donde es fácil imaginar que estuvo el carpintero imperial. Además hay mucho venado, cóconos silvestres, ardillas, pintorrabos, mapaches, puma y por ahí dicen que hasta castores. Pero el principal atractivo del área es sin duda Mesa de las Guacamayas, el sitio más norteño del continente donde anida la cotorra serrana occidental, de ahí su nombre pues en la zona la cotorra es llamada guacamaya o guaca. Desafortunadamente lo efectos del calentamiento global se han dejado sentir con fuerza y desde hace unos cuatro años los bosques han comenzado a ser invadidos por álamos del género Populus, han ocurrido incendios, las tinajas y cascadas donde la funa bebe estan secas y ya no ha sido posible la ubicación de nuevos nidos de guacas en el área. Pronto Mesa de las Guayamas ha dejado de ser refugio de esta especie que ya migró a zonas más sureñas en los municipios de Madera, Temósachi, San Juanito y otros lugares en la sierra de Durango.
Rancho Los Arcos, Sierra de San Luis Chihuahua-Sonora, México.
Atardecer en el cerro del Carcay visto por detrás, al fondo está la comunidad de Ojo Frío.
Barranca de Tasahuinora, la más norteña de las barrancas, la cual no está muy explorada.
Agave en la barranca de Tasahuinora.
Primeras nevadas en Mesa de las Guacamayas (Enero del 2007).
Biznaga de la sierra de Janos.
Es curioso, pero en la sierra hay más especies de cactáceas que en el matorral.
Muchas son rupícolas y están adaptadas a vivir en las hendiduras de rocas ígneas o de orígen volcánico.

Allá, cada año por ahí de noviembre se celebra una festa en la localidad fronteriza de "El Berrendo", en dónde se realizan carreras de caballos con la particularidad de que un carril está del lado mexicano y el otro del lado estadounidense, por lo tanto las carreras toman un sentido especial por volverse binacionales, en donde la música y la convivencia se reparte a ambos lados de "la línea", en muestra de la solidaridad y el respeto que debiera haber entre los habitantes de ambas naciones. Desafortunadamente en aquella ocasión se anunció también el repudio hacia la porpuesta de George Bush ante la amenaza de la construcción del muro que separe los países, terminando así con esta tradición.

Aquel día hasta salí en el periódico, representando al Rancho El Uno.

En Chihahua, además de Janos conocí los municipios de Nuevo Casas Grandes con su Laguna Fierro donde invernan miles de gansos blancos (Chen caerulescens) y muchas otras aves acuáticas como patos, gallaretas, grullas, gaviotas, cormoranes, garzas, falaropos, alzacolitas, gavias, achichiliques, pijijes etc. Además cerca a Casas Grandes por la carretera que se dirige a Ciudad Juárez conocí el municipio de Ascención, aquí también cada año se forman lagunas las cuales sirven de refugio para miles de aves acuáticas de diferentes especies que vienen migrando del norte de los Estados Unidos para pasar inviernos menos crudos en territorio mexicano, en verdad que si estos humedales desaparecen sería imposible imaginar el destino de  las bandadas de aves migratorias  que año tras año retornan al área a pasar el invierno. Por ello la premura de volver estas áreas reservas RAMSAR.

Bandadas de gansos o localmente llamados ánzaras Chen caerulescens  invernando en la Laguna Fierro, Nuevo Casas Grandes, Chih.
Grullas Grus canadensis en la Laguna La Colorada, Ascención,Chihuahua. Foto de J. Cruz.

Bandada de grullas. Foto de J. Cruz.
Laguna La Colorada.
Atardecer de invierno.
Pato cucharón (Anas clypeata).
Cada año el nivel de las lagunas decrece, lo cual significa una pérdida de áreas de invernacion para las aves, así como la erosion de los suelos.

Al sur de Janos, bordeando la sierra está la comunidad Casas Grandes, con sus vestigios de la cultura Paquimé y sus laberintos de adobe, además del respetable Museo de las Culturas del Norte. Otro punto interesante es la localidad de Mata Ortíz en honor al lugarteniente que junto con Joaquín Terrazas desterró a los apaches de estas tierras. Mata Ortíz es famoso por la elaboración de ollas con motivos autóctonos, piezas de orfebrería únicas en el mundo por sus particulares decorados; así mismo está la Ex Hacienda de San Diego. Se cuenta que hace algunas décadas aún era posible ver perritos de las praderas y bisontes. Actualmente solo vastas extensiones de zacate navajita (Bouteloua sp.) cubren los fértiles valles al pie de la Sierra Madre Occidental.

Paquimé.

Entre sus restos se hallaron plumas de guacamaya roja, por lo que se cree que hubo comercio entre Aridoamérica y Mesoamérica.

Ollas de Mata Ortiz.

Patizales de Mata Ortiz rumbo al ejido el Willys, antigua colonia Mormona.

Después de las lluvias todo florece.

Cueva de la Olla. Se dice que en esta cueva vivía la etnia Mogollón, y en la olla guardaban los granos de la cosecha año con año, pero con la llegada del hombre blanco, la zona fue reclamada por una colonia de mormones. Aparentemente uno de ellos econcontró la cueva con la olla y se cayó dentro tratando en vano de pedir ayuda,  pero con ayuda de la hebilla de su cinturón logró raspar un agujero en la base a través del cual pudo salir.

Cueva de la Olla. Nuevo Casas Grandes Chihuahua, México.

Por allá, por el rumbo que seguíamos en la primavera, después de que las aves migratorias retornaban al norte, teníamos que viajar de Janos a Ciudad Madera a monitorear a las cotorras serranas, por ese camino conocí Galeana, Lebarón y Buenaventura con sus filas de nogales interminables. Mas adelante las "Emes", tramo carretero que visto desde el cielo figura una intrincada red de esa letra por sus curvas y paisajes sinuosos, donde los pastizale y los matorrales van cediendo el paso a los chaparrales de encino, quienes además van de la mano con los cedros en valles suaves y fértiles, pero de clima más agradable, como el valle de Ignacio Zaragoza, o el de Gómez Farías y San José de Babícora, cuyo centro más que un valle es una laguna que cada año se llena después de lluvias y es el albergue de varios miles de grullas grices (Grus canadensis). 

Huella de grulla dejada en el barro de la laguna.

La sierra de San José de Babícora al fondo, en primer plano una casa de adobe abandonada en cuyo techo han crecido gramíneas.

Aguililla descansando en la Laguna de Babícora.

Laguna de Babícora, vista al norte, al fondo se ve Gómez Farías, Chihuahua.
Cabañas Cuack Cuack!!! en San José de Babícora.

La Sierra Madre Occidental es literalmente el sitio en el que viví la otra mitad del año. Ciudad Madera era la base de operaciones por así decirlo y está inmersa en plena sierra a más de 2mil metros sobre el nivel del mar, de ahí nos movíamos hacia el sur en Tutuaca con su suantuario de la cotorra serrana, por una brecha de terracería de 100 km, para lo cual, se hacen aproximadamente entre 5 y 7 horas de camino, pasando por el valle del Papigochi, que también es parte de un Área Natural Protegida. Mas al suroriente esta la barranca de Huápoca, la cual es poco conocida, pero para los que tienen el privilegio de visitarla es posible nadar en sus albercas de aguas termales...toda una experiencia. Es en estos bosques donde la flora de orígen neártico que habita en México toma sentido, es aquí donde por primera vez vi a la escasa y fascinante Picea chihuahuana.


Frutícola que hace alusión a los zarapitos, en Cd. Guerrero, Chihuahua.

Puente del Río Sírupa.

Valle del Papigochi.
Fondo de la barranca por donde pasa el río Huápoca.

Bienvenidos al Santuario Tutuaca.

Cuando la noche cae de imprevista, lo único que nos queda es hacer un fuego y quedarse a pernoctar en la camioneta, es recomendable SIEMPRE traer en ella un buen sleeping. Aquí las temperaturas suelen ser frías todo el año.

Primeras heladas de noviembre. Paraje Cebadillas.

El Yocaibo al fondo de la sierra.

Criadero de trucha arcoíris en la ranchería Chachamuri. El compañero ecólogo  impaciente por sacarlas.

En aquel entonces costaba 15 pesos por trucha.
Truchas fritas en el disco, un verdadero manjar.
Cono de Picea chihuahuana.

Picea chihuahuana.

Cabaña de Bisaloachi. Base de operaciones de Tutuaca.

Nuestro cubil.

Cotorra serrana occidental anidando en un álamo temblón.

Hacia el norte de Ciudad Madera está Cuarenta Casas, vestigios de casas Mogollones enclavadas en una cueva sobre la pared vertical de la sierra que alguna vez quizá fue una ciudad entre pinos y ríos de aguas cristalinas.

Pared donde se ubican las "40 casas".

Casas mogollones.

Más al norte está Río Chico, la estación del tren de la época del porfiriato, toda una joya cultural y aunque para llegar a ella hay que entrar por el ejido Las Pomas por una brecha de terracería de mas o menos una hora de camino, vale la pena ir a conocer los vestigios de los túneles por dónde retumbaba en aquellos años el ferrocarril que iba a Ciudad Juárez. Más al norte están las famosas localidades madereras de La Mesa del huracán y El Largo Maderal con sus más de mil ejidatarios.

Estación Río Chico, 355 km a Ciudad Juárez...


Riscos en el ejido Las Pomas.

 Boca del túnel por donde hace más de 80 años pasaba el ferrocarril.
Salida al otro lado del túnel

Mis queridos amigos caninos en Río chico.
Al sur de Madera se encuentran otros tantos poblados a lo largo de la carretera que conecta hasta Ciudad Guerrero, destacan Yepómera, Temósachi famoso porque su estación meteorológica muchas veces ha registrado las temperaturas más bajas de México, La Concha, Matachic por donde también se puede acceder a Tutuaca por otra brecha de unos 80 km que pasa por Cocomorachi y Tosánachi, además Tejolócachi, San Martín y La Generala. En Ciudad Guerrero de abre paso la carretera que va hacia las Barrancas del Cobre, más adelante el primer poblado grande es Tomochi y de ahí más adelante está la desviación a Creel, pero mucho antes de llegar a Creel está la desviación a Basaseachi, famoso por su caída de agua.

Sierra rumbo a Tomochi.

Cascada de Basaseachi.
El haber hecho tesis, trabajado y vivido intensamente la vida del biólogo de campo en un estado que aún conserva muchísimo de su integridad biológica como lo es Chihuahua... no tiene precio... y estoy muy consiente que cuando uno es estudiante sueña por lo general en conquistar Chiapas, Oaxaca, Campeche, Yucatan con sus voluptuosos atributos biológicos, con esas selvas tupidas, sus arcoiris de aves selváticas, el olor a tierra mojada por tanto río y tanta cascada y las sonrisas de esos niños de pueblo...pero esa sensación de inmensidad, de kilómetros y kilómetros de ausencia humana, donde ni el efímero hilillo de un fogón solitario logra divisarse a la distancia, esa sensación de soledad humana que no se logra sentir en las selvas del sur desde hace siglos es lo que me cautivó de Chihuahua y créanme que como amante de los ecosistemas de montaña, poco me faltó para quedarme a vivir en estas sierras inmensas y sus bosques milenarios.

Pero... como ya todos conocemos la trillada historia de la inseguridad, pues tristemente tuve que volver a mis terruños a finales del año 2007, para de ahí planear cual sería la próxima parada...