19 enero 2012

Jaguares en la sierra de Nuevo León


El jaguar es el felino más grande que habita en América. Su distribución actual se extiende desde Arizona (suroeste de Tucsón), México, Centroamérica, Sudamérica hasta el norte de Argentina. Aunque las poblaciones de Estados Unidos fueron casi totalmente extirpadas a principios de los años 1900.

Aunque aún es tema de discusión, Seymour relaciona ocho subespecies reconocidas:

P. onca arizonensis † (Goldman, 1932), sur de Arizona a Sonora, México.
P. onca centralis (Mearns, 1901), Panamá y norte de Colombia.
P. onca goldmani (Mearns, 1901), península de Yucatán a Belice y Guatemala.
P. onca hernandesii (J. E. Gray, 1857), oeste de México.
P. onca onca (Lineo, 1758): entre las cuencas del río Orinoco y el Amazonas.
P. onca paraguensis (Hollister, 1914), sur de Brasil hasta la Pampa central de Argentina, incluyendo además a Paraguay y parte de Uruguay.
P. onca peruviana (de Blainville, 1843), bosque tropical de Tumbes (costa) Perú y Ecuador.
P. onca veraecruscis (Nelson y Goldman, 1933), Texas central al sudeste de México.

Panthera onca cuenta con dos subespecies extintas: Panthera onca augusta y Panthera onca mesembrina, ambas del Pleistoceno, habitaban América desde la Patagonia hasta Estados Unidos, a estas dos subespecies se une Panthera onca arizonensis que fue erradicada en tiempos modernos.

El jaguar podría sin duda ser el mamífero más carismático de las selvas húmedas del sureste de México, sin embargo, a menudo nos olvidamos que la Sierra Madre Oriental es también el hábitat de este gran felino.

En este caso me gustaría hacer mención de su presencia especialmente en la sierra plegada de Nuevo León, quizá porque al ser neolonesa de nacimiento y bióloga además, el hecho de siquiera imaginarme que en las coyunturas arrugadas de la sierra merodeaba "el tigre", logró que me apasionara hace algunos años atrás cuando estaba decidida (como muchísimos biólogos amateurs) a dedicarme al estudio de este magnífico ser.

Fue por ahí de agosto del 2001 cuando entré a Biología, y para el 2002-2003 yo ya traía todo el entusiasmo y los ojos puestos en estudiar al susodicho felino, no obstante poco a poco me fui dando cuenta que las condiciones nunca fueron idóneas para desarrollar un tema de tesis con la presencia de este felino en las sierras. Muchos nos topamos en seco con el hecho de que estudiar al felino no es tan sencillo y simple cuestión de ganas, se requiere mucho tiempo, mucho esfuerzo y sobre todo mucho capital, pero aunque mueras de ganas por salir en su búsqueda, no hay camionetas, no hay equipo y no hay motivación suficiente...Además, muchos soñamos con el día de salir a fotografiar jaguares, capturarlos, sedarlos, pesarlos, contemplarlos de cerca, hasta tocarlos (al estilo de los jaguares del Dr. Ceballos de Calakmul), pero solo pocos tendrán esa oportunidad que al menos yo, antes consideraba un privilegio, la gran mayoría a lo mucho llegará a recoger sus excretas para ver qué come, seguir sus rastros o tomar muestras de yeso de sus huellas. Así es la realidad en México, el que tiene dinero, será quien tenga acceso al estudio más profundo de las poblaciones del felino. Y les seré sincera, en cuanto me dijeron que me olvidara del jaguar y me propusieron trabajar con la dieta del puma, (sin querer ofender a los presentes lectores), caí en la cuenta de que los mamíferos no son lo mío... Eso de corretearlos por las noches, pon y quita trampas con avena y crema de cacahuate, pon redes, quita redes, recoge excretas... no es para todos.

No obstante, dentro de lo que pude rescatar como las anécdotas que en aquellos años me marcaron en mi formación, están las hazañas del biólogo Octavio Rosas del laboratorio de Mastozoología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UANL, quién por los años noventas el sí cruzó el umbral tan deseado por muchos, su tesis de licenciatura se dedicó a desmentir el hecho de que en Nuevo León no había jaguares. Se contaba que anduvo por las escarpadas murallas serrananas de Aramberri y Zaragoza, donde hasta donde me contaron sus contemporáneos, tuvo la fortuna de encontrar un cachorro cuya madre había sido muerta a tiros por andar comiéndose las vacas de los ejidatarios. Así es, un cachorro de jaguar en Aramberri, N. L.

Para que ustedes lean con calma los registros del felino en Nuevo León les dejo estos dos archivos que fueron desarrollados precisamente por el lab. de Mastozoología hace algunos añitos:

Rosas-Rosas, O. C. y J. H. López - Soto. 2002. Distribución y estado de conservación del jaguar en Nuevo León, México. Pp. 393- 401 en El Jaguar en el nuevo milenio (R. A. Medellín et al. eds.) Fondo de Cultura Económica - Universidad Autónoma de México México - Wildlife Conservation Spciety. 647 pp.


López- Soto, J. H., O. C. Rosas- Rosas y J. A. Niño- Ramírez. 1997. El jaguar (Panthera onca veraecrucis) en Nuevo León, México. Revista Mexicana de Mastozoología 2: 126 - 128, 1997.

Ya en años más recientes, en el 2007 si mal no recuerdo. Varios colegas biólogos, andando en búsqueda de las cotorras serranas en el Cerro El Viejo en Zaragoza, N. L. Se toparon con una noticia bastante interesante durante su estadía en lo profundo de la sierra: un becerro había sido muerto unos días antes supuestamente en manos de "el tigre", obviamente con cierta incredulidad, pensaron que era obra del puma, pero por no dejar pasar la oportunidad colocaron trampas cámara al rededor de los restos del becerro. Y al día siguiente de haber colocado las cámaras, su sorpresa fue mayúscula al descubrir que efectivamente las imágenes del felino que había regresado al los restos correspondían sin duda al de un jaguar macho joven. Y esta fue la foto:

Jaguar capturado con "fototrampeo" en el municipio de Zaragoza, Nuevo León, México. 2007.


Después de conocer los registros del felino en el estado, caeremos en la cuenta de que la Sierra Madre Oriental esconde más sorpresas de las que siquiera nos hemos atrevido a imaginar. En los albores del 2012 a 5 años de este último encuentro, es imperativo plantearnos: será que aún andan estos jaguares merodeando las sierras neolonesas? cómo le está afectando la sequía?, por dónde vienen y hacia dónde van?; y la más importante: está protegido su hábitat como para asegurar su permanencia en el estado?... o el jaguar pasará de nuevo a ser solo un mito entre los rancheros de las zonas serranas, tal como pasó con el lobo?.

Se los dejo de tarea. Y cuando deseen, soy materia disponible para unirnos e idear la mejor estrategia para proteger el hábitat del felino más carismático de América.