13 junio 2012

Perfil histórico cultural de Ciudad Mante

Hace poco más de un mes, tuve la fortuna de acompañar a una querida amiga a su tierra natal, Loma Alta, ejido de Gómez Farías, en la mera huasteca Tamaulipeca a la altura de la carretera nacional 85. Además de eso también me invitó a conocer ciudad Mante, bella ciudad por la cual una vez pasé en el 2006 cuando veníamos un amigo biólogo y yo en un autobús desde Ciudad Valles con destino a Monterrey,  en aquel entonces hicimos un viaje de fin de cursos a la Sierra Gorda, y ya veníamos bastante cansados de regreso que ni me percaté siquiera de las calles de la ciudad, por lo que en esta ocasión si tuve la fortuna, comímos ahí unas exquisitas y gigantescas quesadillas, fuimos al mercado, conocí a las despeinadas, esos camiones atiborrados de varitas de caña directo al ingenio, anduvimos en sus callles y hasta nos tomamos una refrescante agua de guapilla!!! Ya en casa de nuestra amiga, cortamos mangos, mangos de todas variedades, además de los ciruelos de la tierra caliente de la especie Spondias mombin, y ni qué decir de las naranjas, chirimoyas, limones, plátanos, aguacates y gran variedad de frutas nativas y naturalizadas.

Leyendo un poco sobre el Mante, me encontré con esta reseña del cronista de la ciudad, espero la disfruten tanto como yo y se animen a conocer tan hermoso municipio del sur del estado de Tamaulipas.


PERFIL HISTÓRICO CULTURAL DE CD. MANTE
Por: Sr. Juan José Mata Bravo (Cronista de la Ciudad)



La región de lo que hoy es el Mante fué conocida por su nombre huasteco de los "cinco potreros de Tamatán", palabra que ésta en lengua "Tenek" o huasteca que significa "Lugar de canoas".

Según diversos documentos, era sumamente insalubre a causa de las inundaciones que sufrían las tierras al desbordarse los ríos regionales, principalmente el río Mante, cuyas aguas permanecían meses sin salida dando lugar a la formación de gruesas capas de lama, que se convertían en campo propicio para la proliferación de zancudos, además de que abundaban los "tábanos", insecto cuya picadura es sumamente dolorosa. Por ésas razones no se produjeron asentamientos humanos de colonos españoles o criollos, ya que no soportaban la insalubridad de la zona, a la que, sin embargo, reconocían como muy fértil y adecuada para diversos cultivos.

Conforme a investigaciones de varios estudiosos, en éstas tierras vivían tribus indígenas de "recolectores-cazadores", pero con el predominio de pames, chichimecas y janambres. Sobre todo éstos últimos representaban un formidable escollo para los intentos colonizadores, pues atacaban indiscriminadamente a todos los que pretendieran asentarse en cualquier punto de "Tamatán".

Refieren distintos relatos que los janambres hostilizaban continuamente a los colonos y cuando éstos trataban de repeler los ataques, los indígenas se refugiaban entre el monte formado, entre otras, por una planta muy espinosa, llamada "choveno" o "sinvergüenza', de donde no había poder humano que los hiciera salir.

Existen, por otra parte, indicios de que desde muy temprano en la conquista de México, la región de El Mante actual fue visitada por varios misioneros agustinos, entre ellos Fray Juan de Mesa, Fray Nicolás de San Paulo (de apellido Witte); Fray Comelio de Bye y Fray Antonio de Roa, quienes misionaron en sitios como el Tamezín (Tamesí, Tanchipa (Tanchipa) y Tanguanchín; ésto según datos aportados por la doctora Patricia Osante en su obra "Orígenes del Nuevo Santander".

Pero, según las evidencias disponibles, ninguno de ellos estableció alguna misión u otro asentamiento o, por lo menos, ninguna de las fuentes consultadas da razón de ello. Por lo tanto, los "Cinco potreros de Tamatán", que también se conocían como el "Frondoso paraje de Canoas", quedaron fuera de las fundaciones oficiales, inclusive de las escandonianas.

La mala calidad de las tierras de San Juan Bautista de Horcasitas (hoy Magiscatzin, municipio de González), fundado por José de Escandón el 11 de mayo de 1749, obligó a varios de sus colonos a incursionar hacia el lado de la Sierra de Tanchipa, incluyendo los alrededores del nacimiento del Río Mante, donde abrieron al cultivo una gran cantidad de tierras fértiles que les garantizaban excelentes cosechas de maíz, frijol, caña de azúcar, chiles y hasta frutales, con lo que aseguraban la subsistencia y obtenían remanentes considerables para comerciar.

Así, en noviembre de 1750, estando Escandón en visita de inspección en Horcasitas, encuentra ya consumado el hecho de la apertura de estas tierras encontrándola justificada y procede a gestionar la donación de las mismas al obispo de Manila, don Manuel Antonio Rojo de la Fuente y Vieyra, quien accedió a lo solicitado por considerarlo de justicia.

Luego de los trámites y de las diligencias requeridas, Escandón ordena al capitán Juan Antonio de Barberena tomar posesión de las tierras de los "Cinco potreros de Tamatán", lo que según testimonio del propio Barberena ocurre el ocho de marzo de 1764, levantándose la lista oficial de los colonos mercedados, pertenecientes a las parcialidades de indios huastecos y olives que habitaban en Horcasitas. Miguel Velázquez y Ausencio Hemández representaban a los primeros y Andrés Gómez a los segundos. Treinta cinco colonos fueron ubicados en las inmediaciones del nacimiento del Río Mante y sesenta y seis más desde El Abra hasta Tanchipa.

Con base en éstos datos, algunas personas consideran ésta fecha y a éstos colonos como los fundadores de lo que se conocía como "Frondoso paraje de Canoas", más tarde "Rancho Canoas", posteriormente Villa Juárez y actualmente Ciudad Mante.

Sin embargo, debernos reconocer que un reparto de tierras no significa, necesariamente, la fundación de un poblado y, en ese sentido, la actual Ciudad Mante no tiene una fecha precisa de fundación.