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Mostrando entradas de julio, 2012

Mezclando mi café con leche

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Lo efímero de nuestras acciones temiblemente más comunes, más normales y cotidianas está acabando con la vida como la conocemos y la abusamos. Nos hemos vuelto sordos, ciegos y mudos, pero sobre todo tarados.
Se talaron miles de árboles, que fueron transportados con maquinarias que escupieron gases al cielo, mientras los aserraderos cantaban una infernal melodía de sierras y cuchillas, para después generar celulosa que se bebió millones de litros de agua y se bañó en muchos litros de venenoso cloro, que hizo papel moneda que más tarde fue repartido entre muchas manos ajenas para poder cavar grandes agujeros en el lecho marino a los cuales accedimos con barcos que se construyeron de furiosos metales que fueron extirpados de la piel terrestre dejando tras de sí yagas de cianuro y lomas de tierra desnuda, para poder sacar petróleo de dichos agujeros, el cual después fue almacenado y covertido en plástico en una abominable refinería que lanza fuego sin cesár, para terminar siendo una abs…

Tansosob

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Salió corriendo al alba, las sandalias se le escurrían entre los dedos porque el lodo estaba pegajoso y frío, posiblemente dejó una o las dos en medio del sendero enmontado, la noche anterior llovió porque Maamlaab, el gran dueño del agua celeste, así lo quiso. El pecho le latía como el tambor, y aunque las ramas la abrazaban con su humedad, no perdió el paso ni un instante, y como el venadito temazate se deslizó con la ilusión de verles de nuevo. Aún estaba pardo el monte. No tenía miedo, ya había recorrido ese mismo camino muchas veces sin perderse, su madre quedóse tranquila pues ella no dijo más que iba por la leña para hacer el café de la mañana. Se fue sin decir a donde porque sabía que estaba prohibido ir sola al sótano. Y en cuanto la bruma comenzó a desmodorrarse entre el dosel arbóreo, la marcha se detuvo casi en un espasmo, ante el abrazo fuerte del palihuiche que le truncó el paso, tan fragante palihuiche colmado de pompones blancos meciéndose al vacío.
Y ahí estaba ella…

Detalle del libro Viaje a la Huasteca con Guy Stresser-Péan