28 julio 2012

Mezclando mi café con leche

 
Lo efímero de nuestras acciones temiblemente más comunes, más normales y cotidianas está acabando con la vida como la conocemos y la abusamos. Nos hemos vuelto sordos, ciegos y mudos, pero sobre todo tarados.

Se talaron miles de árboles, que fueron transportados con maquinarias que escupieron gases al cielo, mientras los aserraderos cantaban una infernal melodía de sierras y cuchillas, para después generar celulosa que se bebió millones de litros de agua y se bañó en muchos litros de venenoso cloro, que hizo papel moneda que más tarde fue repartido entre muchas manos ajenas para poder cavar grandes agujeros en el lecho marino a los cuales accedimos con barcos que se construyeron de furiosos metales que fueron extirpados de la piel terrestre dejando tras de sí yagas de cianuro y lomas de tierra desnuda, para poder sacar petróleo de dichos agujeros, el cual después fue almacenado y covertido en plástico en una abominable refinería que lanza fuego sin cesár, para terminar siendo una absurda y quebradiza cucharilla que fue empaquetada en más plástico y cartón de más árboles derribados, solo para que una mañana cualquiera, nos diéramos el caprichoso y carísimo lujo de mezclar nuestra eterna taza de unicel tupida de café con leche...

Cucharilla que en menos de 2 horas terminó botada en un cesto para seguir haciendo crecer la torre de babel tóxica del basural cercano, que se quema y se lixivia día y noche, que se hace humo y se respira y las células de los cuerpos que lo perciben explotan y no pueden más con tanta irreverencia, se rehúsan a seguir existiendo en un cuerpo desconectado del mundo, entonces se hinchan, mueren y con ellas nosotros.

¡¡¡Pero mezclar nuestra taza de café con una cucharilla para después botarla en un cesto es de lo más común, normal y cotidiano del mundo!!!

¡¡¡A veces pienso que los economistas y los diseñadores industriales juntos son el mismísimo demonio!!!