09 noviembre 2012

La Sierra Huasteca desde mi perspectiva

Hace unos días que no he pensado en otra cosa, aunque he estado atiborraba de asuntos académicos, no se me sale de la cabeza la idea de hacia donde será el siguiente paso.

Desde hace muchos años, recuerdo las historias fantásticas de un compañero entrañable al que tengo más de 20 años de conocer, me contaba de castillos en medio de una selva espesa, de cascadas de aguas turquesas, de cerros interminables cubiertos siempre de niebla... Algún tiempo después, con ayuda del Atlas Geográfico de los libros de Texto Gratuitos de la SEP, supe que esos lugares se ubicaban en la región cultural llamada Huasteca. Y me hechizó la idea de conocer aquel nombre que tanto mencionaba: Xilitla

No fue sino hasta el 2006 cuando terminé mi carrera de biología (frustrada porque mis compañeros no quisieron organizar un viaje y en su lugar hicieron un costoso tradicional cena-baile) que me decidí a ir fuese como fuese a conocer la Huasteca. Otro entrañable amigo cuyo nombre no hay necesidad de mencionar, porque él sabrá quién es y cuanto conocimos los dos en aquel viaje, fue quien me acompañó, apenas íbamos con una Guía Roji tomando autobuses aquí y allá, acampando en donde se hiciera de noche, cargando sleeping, comiendo bocoles y zacahuil en los mercados, en fin  solo Dios sabe como mi madre en aquellos años de oro sin balaceras me dejó ir sola, y así  llegamos a la Sierra Gorda de Querétaro y de ahí a la maravillosa Xilitla, donde conocí el castillo fantástico de quien me hablaba mi otro amigo: el castillo de Sir Edward James, un personaje espléndido rodeado de un halo de locura seductora que me hubiese encantado conocer en vivo y a todo color. En verdad que añoro otros tiempos que no son míos, acepto que a menudo me siento incómoda en esta modernidad tan amenazante...

Apenas y supimos de la cercanía de aquella garganta palpitante en medio de la montaña, aquel abismo magnífico, una puerta hacia las profundidades insondables de la Sierra Madre Oriental, sí, el Sótano de las Golondrinas, emprendimos emocionados el viaje hacia Aquismon en un autobús destartalado, yo llamé a mi casa desde un teléfono de tarjeta en la plaza de Aquismon y no estaba mi madre en casa, recuerdo bien que le dejé el recado a mi tío, que por las buenas creo que no se imaginaba en que rincones lejanos andaba de vaga, todo el viaje en  aquel autobusito ruidoso fue un constante ir plasmada en el vidrio, con la mirada que se me salía de los ojos, con tanta selva, con tanto frescor, tantas caras de un color moreno rojizo tan hermoso, tan auténtico: Tanzozob, Tamapatz, Zopope... poco me faltó para llorar de la emoción al llegar al mentado sótano. 

Llegamos y no lo podíamos creer, era imposible la magnitud de aquella vista, un vértigo inimaginable, tan  terrorífico como fascinador, la montaña exhalaba un viento entrecortado por las guaguas y los periquitos que literalmente nos peinaban la cabeza con su vuelo al ras, estaba ahí ante nuestros ojos, una de las cosas que me ha marcado más en mi vida. Quedé flechada y jamás volvió mi corazón a estar tranquilo, siempre pensando en volver a aquellas sierras Huastecas, siempre.

Poco después me fui a Chihuahua dos años a trabajar, ahí conocí al biólogo que ahora es mi esposo, y fue tanta mi obstinación por volver, que yo no se si fue tanto desearlo o tanto soñarlo, que mis súplicas internas rindieron su fruto y recibí un correo de aceptación para trabajar ambos en la Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda de Querétaro por parte de otra persona especial que poco tiempo después sería mi amigo, al que estimo mucho aunque nuestra forma de ver el mundo sea tan distinta. 

Cuando viví ahí en Jalpan fui la persona más plena, más feliz y más completa del mundo, pero aún así, anhelaba el momento en que por angas o mangas tuviéramos que ir a Río Verde, a Xilitla, a Ciudad Valles  etc. por algún encargo, esa carretera nacional 85 de su tramo de Llera, Tamaulipas a Tamazunchale, S. L. P. era todo un placer para mi recorrerla, aquellas murallas hasta el cielo a la altura de Huichihuayan, con la sierra Montecristo enmarcando el paisaje siempre verde, nuboso y las orillas del camino llenas de plantas de ornato y sabrosos Litchies, la Y griega siempre activa, los tramos selváticos de Matlapa, Tamazunchale con sus cerros tropicales, el tramo de Gómez Farías en Tamaulipas, con sus pays de mango, la cueva del abra impresionante, y ni se diga la carretera que va de Tamazunchale para Pachuca, pero por el lado de Huejutla, un verdadero manjar a los sentidos, esa otra hermosísima Huasteca, la Hidalguense, agreste e indomable, esa escarpada serranía colmada de niebla y vasijas de barro colorado, un paraíso.

Pero tiempo después tuve que volver a Nuevo León, en donde vivo hasta la fecha, pero juro que no hay día que no sufra la lejanía de esas tierras prodigiosas y la dulzura de su gente, tan dulce como el pilón de los cañaverales color verde nuevo.

Y entonces recordé que mientras viví en Chihuahua, mi supervisor-jefe-maestro-amigo, me contaba que si uno desea trascender en la conservación de las tierras que amamos no es necesario querer salvar el mundo, hay que casarse de tiempo completo con ese sitio al cual amemos, con su bioculturalidad, hay que comprenderle, hay que gozarle y hay que protegerle y amarle. Sus palabras no tenían del todo sentido para mi en aquel entonces, él había nacido en Castaños, Coahuila y estaba "casado" por así decirlo, con el Santuario de la Cotorra Serrana en Madera, Chihuahua desde hacía en aquel entonces, 14 años...

Y entonces comprendí...

Que toda esta serie de eventos, uno tras otro, me han llevado de aquí para allá, y creo que haga lo que haga, me manden a donde me manden, me invite a donde me inviten, me replieguen a donde me replieguen, mi entera voluntad, mis esfuerzos, mis pensamientos, mis anhelos, mis ojos siempre están dirigidos hacia un mismo lugar: la Sierra Madre Oriental,sí, pero muy especialmente la Sierra Huasteca desde el Soto La Marina, hasta el Tuxpan, a donde muy pronto, estoy segura he de volver para no moverme de ahí nunca jamás.


Cascada cercana al castillo de Sir Edward James, Xilitla, San Luis Potosí (Abril, 2006).

Mi hermana y yo en otra de las cascadas (Abril, 2008).
Castillo de Sir Edward James (Abril, 2006).
Los pasadizos del castillo de Sir Edward James (Abril, 2008).
En el castillo, Xilitla, S. L. P. (Abril, 2008).

Plaza de Xilitla al atardecer, atrás las impresionantes anticlinales (Abril, 2006).

Semana Santa 2009, Xilitla, San Luis Potosí.
Iglesia de Aquismon, San Luis Potosí (Abril, 2006). 

Mi regalo de cumpleaños, Febrero 2009, Cascadas de Tamasopo, San Luis Potosí. 

El Puente de Dios, Tamasopo, S. L. P.  Febrero 2009. 

Laguna Atezca, Molango de Escamilla, Hidalgo, mayo 2009. 

Plaza frente a la iglesia de Molango de Escamilla, Hidalgo. 

Remanente de bosque de niebla con helechos arborescentes, Tlanchinol, Hidalgo. 

Huejutla, Hidalgo, mayo 2009. 

Cañón del Río Santa María visto desde San Antonio Tancoyol, Sierra Gorda de Querétaro, al otro lado es Aquismon, San Luis Potosí. 

Cañón de la Servilleta, Gómez Farías, Tamaulipas, Semana Santa, 2009. 

Cañón de la Servilleta, Semana Santa, 2009. 

Enchiladas Huastecas cerca del mercado de Ciudad Valles, Abril, 2012.

Plaza de Ciudad Valles, Abril, 2012. 

Río Valles, Abril, 2009. 

Cascadas de Micos, Valles, San Luis Potosí. 

Cascadas de Micos. 

Cascadas de Micos, 2012. 

La bióloga Mariana Reyna y yo, en los bosques de enebros de la comunidad de El Cañón, Landa de Matamoros, Querétaro, julio 2009. 

Valle Verde, todos rumbo al sótano de las Golondrinas por el camino que va de Zoyapilca , Querétaro a Tanzozob, S. L. P. 

Sótano de las Golondrinas, Aquismon, San Luis Potosí.