24 febrero 2013

Bioconstrucción, conciliando nuestra vivienda con la naturaleza


Una de las necesidádes básicas de la humanidad es sin duda la vivienda, el refugio donde guarecernos del sol, la lluvia, la nieve, el viento y en muchos sitios aún, de la fauna silvestre.


En la antiguedad fueron las cuevas y oquedades quienes nos brindaron un refugio, después las necesidades nos orillaron a construír edificaciones habitables, que han ido desde las más precarias hasta las más elaboradas, pero todas ellas con el mismo fin: protegernos de los procesos meteorológicos adversos para nuestra persona, y desde tiempos antiguos, aunque sea ilógico, para protegernos de nosotros mismos. 


Aún en nuestros días podemos ver casas de arquitectura vernácula que se mantienen en pie sopesando el paso del tiempo con ineludible firmeza, son casas que fueron construídas con materiales naturales como la tierra, la roca, la madera, la paja, entre muchos otros materiales.


Desafortunadamente en algún momento de la historia, la contrucción de nuestras viviendas dejó de ser equivalente con el entorno natural que le circundaba. Ya no fue rentable utilizar materiales naturales y, al menos en las zonas urbanas de México, el block y el concreto se volvieron los favoritos, desterrando al adobe, el sillar, la roca, la madera y la paja...


No obstante, como ejemplos sobran, estas casas no han sido los mejores refugios en los cuales podemos vivir cómodamente. La mayoría no son capaces de regular la temperatura como una casa de materiales naturales lo haría, es decir, que en días cálidos se calientan demasiado, igualmente se enfrían terriblemente durante el invierno, cuando debieran aprovechar los escasos rayos del sol y guardar el calor.



Son todo menos equilibradas, en muchas ciudades de México, es preciso contar con sistemas que regulen su temperatura como aires acondicionados o calefactores que por su puesto gastan mucha energía y no todas las personas están en condiciones de adquirir. 

Literalmente algunas de estas casas se vuelven inhabitables después de una lluvia fuerte o terremoto, debido a sus múltiples grietas, goteras, zonas inundables y no faltan las que definitivamente colapsan.


Y si volteamos a ver las casas antiguas de cualquier área rural circunvecina a las grandes ciudades, éstas siguen ahí, estóicas y ajenas al desastre. Son casas que se hicieron para ser habitadas por siglos, por generaciones enteras de familias. 

 

En cambio en la actualidad, cada pareja jóven exíge un espacio, su pequeño, frágil y abúlico cubo de dos plantas (si bien les va), un patio sin jardín y una cochera grande, construídas de antitérmico cemento y a veces con un triste arbolito de moda sembrado en la entrada, que de preferencia no tire hojas porque nunca habrá tiempo de barrelas...


En cambio, nosotros hemos optado hoy por salir del paradigma de esos jóvenes que viven en casitas de cemento prefabricadas para las ciudades, las cuales tienen que pagar con bastante esfuerzo durante algunos años. 


Creemos que cualquier persona tiene la capacidad de diseñar una casa construída con materiales naturales locales, en la cual se aproveche la energía de manera activa y pasiva, ya sea el sol, la lluvia, la nieve, el viento, la energía de las plantas, una casa donde el jardín no sea de césped, sino de comida, con hortalizas y árboles frutales, un verdadero refugio de vida, al cual de gusto llegar y permanecer largo rato y no se desee todo el tiempo huír a "ver que hay afuera", porque en un hogar lo habrá todo.



Así que aquí les dejo algunas imágenes de casas hechas con técnicas de bioconstrucción, para que se den una idea de lo confortables y estéticas que pueden llegar a ser. Una casa sana, una casa libre de tóxicos que veamos nacer con nuestra propia imaginación y esfuerzo, que amemos, que sea útil y siga en pie para quienes nos precedan, pero sobre todo, que no sea un sumidero de recursos y energía, sino un refugio vivo que de ser necesario pueda volver a integrarse al entorno natural sin problemas.

Aprovechando la luz.

Un baño muy confortable.

Con mucha vida en el interior.

Austera, compacta y acogedora.

Otro baño con su tina de adobe integrada.

El lujo no está peleado con la bioconstrucción.

Usando barro y botellas.

Los tragaluces son básicos, debemos de aprovechar ante todo la energía del sol para calentarnos e iluminarnos sobre todo en invierno.

Se les puede hacer de dos plantas.

Con estantería integrada a nuestro gusto, no se gasta en muebles tampoco.

Total balance.

Con ganas de despertar aquí cada mañana.

Un cocina de nuevo con tragaluz y estantería integrada.

La imaginación es el límite.

El mosaico va muy bien con el adobe.
A quienes nos leen, reflexionen y anímense a conocer los beneficios de la bioconstrucción. Saludos y buena noche. Y no, no estamos locos, los locos son los que se atreven a pasar su existencia entre cuatro paredes de cemento, respirando un ambiente artificial con aires acondicionados y despreciando el verdor de un árbol a través del cristal de la ventana por la flojera de barrer sus hojas.