16 junio 2013

Viaje etnobotánico a la Sierra Huasteca - Día uno

Actualmente me encuentro cursando el Doctorado en Manejo de Recursos Naturales acá en Nuevo León, mi temática de tesis de investigación versa sobre la diversidad de flora y tipos de vegetación que hay en la cadena montañosa de la Sierra Madre Oriental, desde Coahuila hasta Veracruz; mucho de mi trabajo consistirá en la revisión de especímenes depositados en diferentes herbarios en México y Estados Unidos, eso será solo uno de los capítulos, por lo que atendiendo a la necesidad de volver las investigaciones de flora mucho más prácticas que teóricas en beneficio de la conservación y el buen manejo de nuestras plantas, otro capítulo se basará en aquellas especies sobre todo de árboles que las comunidades etno-mestizas aprecien y que a su vez puedan servir para crear un programa de restauración en los bosques tropicales de la región Huasteca, que es la que en entradas anteriores, he señalado como la región más transformada de esta sierra mexicana.


En base a lo anterior, los días 31 de mayo, 1 y 2 de junio se organizó  una salida de campo de la materia de etnobotánica para los compañeros de Maestría de la Facultad de Ciencias Forestales de la UANL a favor del cumplimiento de sus créditos y no está de más decirlo, que también con la finalidad de echarme un poco la mano en mi proyecto de invstigación, por lo cual les estoy infinitamente agradecida. Sin contar que este tipo de experiencias abren mucho el panorama a los estudiantes, sobre todo a aquellos que así como salen de la licenciatura se embarcan en la maestría sin haber conocido el "mundo real" de como se mueven las cosas en este país. 

El intinerario era llegar a desayunar a las puertas de la Huasteca, comunidad de Guayalejo, Llera de Canales, Tamaulipas.


Dicen por ahí que del Guayalejo en delante, ya todo es Huasteca.
Aquí se ubica un restaurant a orilla de carretera cuya especialidad es el consomé y la barbacoa de borrego, bastante rústico y pintoresco, bardeado de carrizos del género Arundo donax, una especie invsora de nuestros ríos y arroyos, pero que sabiéndola secar se usa bastante bien en muchísimas acciones. Aquí empezó la faena de ver cómo es que las personas utilizan sus recursos vegetales. Además de las instalaciones el menú ofrece plantas de temporada como los taquitos de chochas, que son las inflorecencias de las palmas Yucas, en cuyo caso podemos saborearlas de marzo a junio en toda la región semiárdida de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.

Los compañeros desayunando en Guayalejo. (Fotografía del Dr. E. Estrada).

Barda de carrizo Arundo donax. (Fotografía del Dr. E. Estrada)

Poste de madera de Vidrioso, una especie que desconocemos. (Fotografía del Dr. E. Estrada).

En el Restaurant sirven tortillas de maíz recién hechas, el aplanador es de madera de mezquite. (Fotografía del Dr. E. Estrada).

Ya habiendo comido, el siguiente punto era llegar a comer un postre en La Morita, donde tienen extensas huertas de mango y con ellas hacen pays y agua, además de tener un vivero con plantas nativas y exóticas, sobre todo frutales. Aquí algunos les tocó conocer los jobos o también llamados ciruelos (Spondias mombin), una especie nativa muy diseminada por la llanura Huasteca (Todas las fotos de La Morita son propiedad del Dr. E. Estada).

La Morita, Xicoténcatl, Tamaulipas.

Viendo El vivero.

Jobos (Spondias mombin).

El vivero de la La Morita.

Plantas de ornato y frutales.

También plantas para fines agroforestales.

Mucha variedad.

Lomo de tigre.

Los compañeros muy interesados en la gran variedad de plantas.

 Después de dejar la Morita, cruzamos Ciudad Mante en la parte sur de Tamaulipas, aquí la Sierra Madre Oriental se aleja de la carretera y la vista se pierde entre los cañaverales de la zona que abastecen al Ingenio Mante, con sus camiones cargados de caña que localmente les denominan "Las despeinadas", por obvias razones. Toda esta parte del estado está llena de cultivos de caña, y la monotonía se interrumpe en la Sierra del Abra  en cuyos flancos se han abierto minas de cal que entristecen el paisaje polvoriento y semiárido de la selva baja en los meses de secas, cruzando esta sierra está Antiguo Morelos y posteriormente la frontera con San Luis Potosí, para pasar por en medio de Ciudad Valles.

Las despeinadas. (Fotografía del Dr. E. Estada).

Cañaverales y al fondo la Sierra alagartada del Abra  (Fotografía del Dr. E. Estrada).

Pasando el tórrido Valles, seguimos por la carretera hacia Tamazunchale y nos desviamos en la entrada a Aquismón, con la finalidad de ir a Tambaque, en donde Juan y yo estuvimos hace un par de meses y ya hice una crónica de dicho viaje, aquí nace el Río Coy y además se puede nadar, acampar y preparar buenos días de campo, pero si a ti como a mi no te gusta el tumulto de gente, no vayas en Semana Santa o en fin de semana.

Para llegar hay que pasar por el centro de Aquismón y en el camino podemos ver los tianguis donde se ofrece variedad de plantas que las personas traen de sus huertas en la sierra. Esta parte de la Sierra de Aquismón es la Sierra de los Teenek, porque es aquí donde se concentra la mayor cantidad de sus centros poblacionales en comunidades como Tamapatz, Tantzobtzob, Tampaxal y Zopope.

Tianguis de Tanchanaco (Fotografía de E. Estrada).
Además el camino ofrece múltiples vistas de cómo se usan las plantas como cercas vivas en los numerosos  potreros de la zona.

Cerca viva en el camino a Tambaque (Fotografía de E. Estrada).

Potreros. (Fotografía de E. Estrada).

 En el sitio hay un restaurant muy pintoresco construído de piedra y cobijado por una magnificente ceiba a la orilla del río de aguas turquesa.

Restaurant Tamabaque (Fotografía de E. Estrada).


Río Coy (Fotografía de E. Estrada).
En el restaurant venden aguas frescas de frutas de temporada como la zarzamora y capulín cutlivadas en la región, además de mango, limón, piña etc., todas mezcladas en una fusión fresca que el propietario del restaurant, el Prof. Mauricio, bautizó: Aguas de Afrodita. Además ofrece platillos regionales como el caldo tres huastecas, las acamayas y las ecnhiladas en su versión huasteca y potosinas.

Agua de zarzamora (Fotografía de E. Estrada).

Ceiba que cobija al Restaurant (Fotografía de E. Estrada).

La distribución más norteña de las Ceibas está en Llera, Tamaulipas, en la huasteca es común encontrarlas creciendo en valles al pie de las montañas, sobre todo en áreas húmedas (Fotografía de E. Estrada).

Brazos de ceiba (Fotografía de E. Estrada).

Pasada la comida y la nadada, nos dirigimos de nuevo a Aquismón para tomar otra vez la carretera nacional 85, de aquí rumbo al municipio de Huehuetlán, a conocer y probar las nieves artesanales de más de 50 sabores entre los que destacan frutas autóctonas tropicales o cultivadas como jobo, capulín y lichi (de orígen Chino), además de los sabores más conocidos como mango, limón, chocolate, vainilla, fresa, cajeta, rompope, queso con frambuesa, nuez y muchísimas más.

Comiendo nieve artesanal en Huehuetlán, San Luis Potosí.

Después de ahí, partimos a lo que sería nuestro destino final y base de operaciones: Xilitla, y en donde pernoctamos en el Hotel Guzmán, lugar económico y confortable a media cuadra del centro y con una vista envidiable a la serranía Xilitlense, en donde justo a nuestra llegada pudimos apreciar el atardecer del 31 de mayo en todo su esplendor, y lejano y altivo el cerro de T´idhach en voz Teenek o Huitzmalotepetl en voz Náhuatl, erróneamente denominado "silleta".

Cerro de T´idhach o Huitzmalotepetl visto desde Xilitla (Fotografía de E. Estrada).