03 agosto 2016

Buscan la creación de un corredor biológico en la Sierra Gorda. Por Esmeralda Trueba


Respecto a las poblaciones de Guacamayas verdes en la Sierra Madre Oriental del estado de Querétaro, les transcribo el siguiente reportaje que me ha parecido excelente. La nota original la puedes leer aquí.

Querétaro cuenta con muchos atractivos turísticos, pero existe uno que poca gente conoce y se trata del Santuario de la Guacamaya Verde, en Arroyo Seco./foto: M.Mallet

La entidad cuenta con muchos atractivos turísticos, pero existe uno que poca gente conoce y se trata del Santuario de la Guacamaya Verde.

Entre las ‘especies bandera’, concretamente en la Reserva de Biosfera de la Sierra Gorda de Querétaro, habita en el llamado ‘Sótano del Barro’, municipio de Arroyo Seco, la guacamaya verde; cuyo nombre científico es: Ara militaris .

Se le denomina “especie bandera” a animales o plantas que son elegidos como símbolos, y que son usados para proteger y preservar su hábitat.

Gracias a esta especie, los habitantes de la comunidad de Santa María de Cocos han logrado un beneficio económico, y con ello una razón para proteger la biodiversidad que habita en la zona; que apoyados por investigadores extranjeros y nacionales, han promovido la conservación de este sitio y con ello buscan la creación de un corredor biológico.

Cabe precisar que el estado de Querétaro cuenta con muchos atractivos turísticos, pero existe uno que poca gente conoce y se trata del Santuario de la Guacamaya Verde que se ubica en esta comunidad, en donde también se tiene el ‘Sótano del Barro’, que es el segundo más grande del mundo con 450 metros de profundidad y 300 metros de diámetro.


Una de las peculiaridades de las guacamayas verdes es que tras el paso de los años, su población no ha incrementado pese a que año con año se registra que tienen crías, sin embargo, desde el 2013 al 2016 el número de aves se ha mantenido entre los 79 y 80 ejemplares.

Esta situación ha intrigado a los científicos y propiciado la investigación para identificar las razones por las cuales no se da un incremento considerable de población.

A través de la asociación United Corridors A.C., dirigida por la bióloga, Jennifer S. Lowry, en 2013 se creó el programa ‘Monitoreo comunitario de la Guacamaya Verde’, que se ha implementado en dos comunidades de la sierra gorda queretana, una de ellas es en Santa María de Cocos y la otra, en Sauz de Guadalupe, municipio de Pinal de Amoles.

Este proyecto, a decir de la directora de United Corridors A.C., consiste en la enseñanza en ciencia y educación ambiental, ecología; el cuidado de la especie y como tomar los datos en sesgos; dirigido directamente a los habitantes de la comunidad.

“Tenemos dos monitores de las comunidades que están tomando datos para checar la calidad de los datos, con esto puedo revisar y darles retroalimentación y como pueden mejorar. Tenemos un método que usamos que se llama “El Doble” alrededor, entonces en cada punto hay dos monitores y con esto vamos midiendo y ver si hay cosas a controlar; tienen cámaras también entonces toman muchas fotos y videos y con esto podemos contar las guacamayas. Es un proyecto de ciencia ciudadana, es un proceso en general y entonces necesitamos aprender de ellos y ellos de nosotros”, indicó.

También se brindan talleres para especificar aspectos que se captan en la experiencia en campo y con ello se especializa a los monitores comunitarios.

Jennifer S. Lowry explicó que aunado a este proyecto base, desde hace un año se implementaron tecnologías de punta en la investigación de esta especie, que consistió en la liberación de una guacamaya en cautiverio -que con permiso de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y con todos los estudios de salud genética-, se le colocó un collar con GPS, para su monitoreo.

“No sabemos realmente como se mueven las guacamayas durante migración, que usualmente es entre dos a tres meses cada año. Esta guacamaya se llama Petra Herrera que liberamos el 15 de septiembre del año pasado y arrojó datos muy interesantes; parece que las guacamayas gastan mucho tiempo durante migración en Guanajuato, el año pasado fue año de piñón e investigando en estas comunidades nos confirmaron que llegaban ahí guacamayas. Esto es uno de los beneficios de ciencia ciudadana”, indicó.

Una de las consecuencias de esta investigación es que con ello, se está iniciando el corredor de conservación, por medio de la caracterización del hábitat, es decir, la identificación de las distintas especies que hay.

La bióloga explicó que el Sótano del Barro es fuente de población para la guacamaya queretana, aunque busca otros sitios (hasta 150 kilómetros) para alimentarse, que son las zonas, donde también se está buscando su conservación.


Afirmó que la tecnología que se aplicó en Petra fue muy efectiva para el estudio de esta especie, ya que baja los datos por medio del satélite y siguen al ave en todo su recorrido de migración.

Algunos otros de los resultados que ha arrojado esta investigación es que parece ser que existen tres parvadas que migran a distintos sitios, sin embargo, es necesario seguir explorando a la especie.

La especialista detalló que tan solo un collar tiene un costo de 4 mil dólares, sumando el costo que representa bajar los datos, que oscila entre 20 y 50 dólares cada mes, y depende la programación del collar.

Las miras de esta investigación siguen con rumbo a identificar qué pasa con la población, y por qué no están aumentando.

“En 2013 tuvimos un conteo de 81, el año pasado fue de 79 y este año 79. Parece estable y es muy interesante porque fue de un estudio publicado en el 99 y fue lo mismo como de 80, y esa es otra cuestión, porque si cada año tenemos como 13 hoyos activos (nidos) ¿Por qué la población no está aumentando? se están dispersando a otras poblaciones, no hay comida suficiente, impactos humanos. Esta es de las preguntas que estamos investigando”, afirmó.

Hasta el momento, Jennifer S. Lowry indicó que solo se tienen especulaciones de lo que puede generar esta situación, que puede ser por depredadores naturales como el halcón cola roja, los coatis o tejones. También pudiera hablarse de fragmentación de bosque y su hábitat, ya que migran para conseguir alimento. E incluso dijo es también atribuible a la tala clandestina, o bien a la caza furtiva, que aseguró se ha detectado.

Si bien los trabajos de conservación se están realizando en conjunto con el Consejo Nacional del Ambiente (CONAM), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), SEMARNAT, las comunidades y los municipios; es indispensable la aportación económica de las distintas instancias, así como de particulares o bien empresas que promuevan el rescate de estas especies que con la evolución, requieren de mayor monitoreo, a sabiendas que la implementación de estas tecnologías son altamente costosas; por ello, dijo, es muy importante la colaboración de las empresas.

Se ha detectado que existen -en mínima cantidad- mutaciones de guacamaya verde, sin embargo, es indispensable continuar con las investigaciones para identificar la raíz de estas modificaciones genéticas, que pudieran atribuirse a minerales que hay en la zona, aunque de momento no existe la certeza, hasta que no se continúe con estos estudios.

En este tenor, Ricardo Benito, colaborador en el proyecto, aseguró que estas investigaciones son tan caras que no están subsidiadas como se requiere; por ello refirió, que mientras la sociedad se involucre en esta conservación, el estado de Querétaro pudiera tener grandes alcances en la preservación de esta y muchas otras especies endémicas.


También afirmó que una de las grandes bondades de esta conservación es que beneficia no solo a las especies, sino a toda una comunidad que en esfuerzo conjunto protegen la zona, que bajo un empoderamiento y sus propios reglas dan acceso al turismo; generando así, una fuente de ingresos y con ello un sistema de conservación bien establecido.

“Cuando la gente del ejido se da cuenta que a través de las guacamayas pueden tener un ingreso, se controla esa gente (turistas), o sea, que no venga la gente a hacer lo que quiera, sino lo que ellos quieren; es un sistema bien establecido. Les genera un ingreso, una actividad, entre otras cosas… es muy interesante para ellos, y entonces viene la conservación, para que haya guacamayas que nos dan de comer, pues hay que cuidar el bosque, sino se van a ir”, narró.

Y es que indicó que los visitantes llegan queriendo hacer lo que les dé “la gana”, se encuentran con tanta naturaleza que no les importa dañar un poco, sin embargo, esta ideología la traen miles de personas al año y genera un gran impacto de gravedad al ambiente.

Esta zona fue decretada como un Área Natural Protegida el 19 de Mayo de 1997, año desde el que se cuida y conserva la biodiversidad y los recursos naturales de la zona y que hoy también es protegida por sus propios pobladores, que ya ven en este atractivo natural una forma más de vida.

Claro ejemplo es Santa María de Cocos, donde se conformó un comité de rescate y protección de la guacamaya verde, presidido por el señor, Ángel Suarez González e integrado por 27 socios.

“El trabajo que tenemos nosotros con las guacamayas es protegerlas, en el comité somos 27 socios y de ahí estamos formando equipos de 5 y cada semana trabaja un equipo, si en esa semana no vienen personas, pues no ganan nada, pero si viene el otro equipo y con ellos si viene gente pues ellos si ganan todo”, afirmó.

Pese a que se trata de una cuestión de suerte dijo, todos tienen responsabilidades, que es hacer la limpieza del albergue; mismo que se creó con la intención de dar hospedaje a los visitantes y que hoy ya cuenta con 18 habitaciones para albergar a cerca de 60 personas.

Para comenzar con la aventura al Sótano del Barro, Santuario de la Guacamaya Verde, indicó, primero se les informa a los visitantes sobre el recorrido que se emprende, ya que el terreno es pedregoso y solo hay dos formas de subirlo: caminando o en mula, aunado a que el recorrido al sitio es de un tiempo aproximado de 2 horas.

En punto de las 4 de la mañana, los turistas deben estar listos para comenzar el viaje, para llegar al despertar de la Guacamaya y vislumbrar su vuelo en la búsqueda de alimento.

“Nosotros les advertimos porque ya yendo a mitad de cerro o antes ya dicen: “¡Ay! me hubiera traído una mulita” pero ya no se puede (…). El recorrido es a las 4 de la mañana para llegar ahí a las 6: 10, descansar un ratito y ver la hora en que salen todas las guacamayas, porque si pueden ir después, pero no les aseguramos que haya hartas guacamayas como en la mañana; pero sí se les asegura que verán un verdadero espectáculo natural, una chulada”, indicó.

El santuario se enaltece con el vuelo de estas aves, que brindan una vista sorprendente al visitante, que a 300 metros de distancia logra ver esta especie que con su colorido plumaje, ofreciendo así, un espectáculo natural.

En la permanencia del sitio solo se percibe el sonido de la guacamaya que junto a otras especies de aves como el colibrí, el halcón, venados, pumas, tigrillos… dan vida a este espacio natural.


En lo que respecta a la afluencia turística, el señor Ángel indicó que en Semana Santa y en el mes de diciembre es la temporada en que más gente visita este santuario y que de acuerdo a su libreta de registro son visitantes del estado de Querétaro, México y de países como Canadá, Estados Unidos, Colombia, Brasil, y hasta de Europa.

El presidente del comité, informó que parte de las acciones que se realizan para la protección de la especie, es permitir que investigadores cuiden de la especie.


“Acá tenemos dos biólogas Jennifer y Karina y ellas consiguen algunos proyectos para monitorear el sótano y aquí hay equipo de muchachas que monitorean, se van hasta dos o tres días”, indicó.

Aunado a ello dijo, se está trabajando con instancias para el apoyo para el crecimiento del albergue y con ello la detonación del turismo. Aunque también hay zona de acampar y renta de cabañas.

A pesar de que se tiene este acceso libre, refirió que la regla que todo turista debe acatar a su llegada es no subir solo al sótano, no introducir drones, no hacer uso de flash y -sobre todo- no tirar piedras al sótano.

El señor Sotero Hernández Montoya, guía turístico, durante el ascenso al sótano relata las experiencias que como comité han transitado, en donde explica que si bien esta representación estaba unida al “Grupo Ecológico Sierra Gorda”, decidieron tomar por su propia cuenta la administración y conservación del sitio y emprender trabajo en conjunto con las instancias federales.

Es por ello que desde hace treinta años se detona y protege este sitio, aunque arrepentido aseguró, antes no valoraban lo que tienen sus tierras:


“Más antes no sabíamos lo que teníamos, la diversión era al contrario, veníamos acá en forma de disfrutar nosotros, bajábamos piedras al abismo, porque se oían como caían y entonces salía mucha guacamaya; estoy hablando de unos treinta y tantos años, hasta que un día el gobierno puso un grupo de voluntariado quienes mandaron a capacitar a la gente y de ahí para adelante supimos valorar lo que tenemos y ahora al contrario es llegar ahí con las manos vacías y guardar respeto”, indicó.

Incluso informa al turista sobre el alimento del ave que puede variar desde chamali, ave del paraíso, mojoque, oshite, capón, la semilla de chaca y frutas.

Invita también a los turistas a regresar en el mes de mayo, que dijo, es cuando en esta zona de Querétaro se festeja el “Día de la Guacamaya Verde”.

Explicó que el pertenecer a este comité representa un trabajo muy arduo de gestión y de amor por la tierra ya que dijo, hay que estar haciendo constantes gestiones para lograr recursos de las diferentes instancias, poder dignificar la zona, los espacios para los turistas. Además de respetar los acuerdos que hay en las tierras, puesto que a diferencia de otros países, en México las áreas naturales y protegidas tienen pequeños propietarios o ejidatarios.