Las selvas de mi vida

Antes de que termine el 2017 me gustaría contarles de este sentimiento implacable y agridulce que uno vive en las selvas del trópico mexicano. 

Como ya he mencionado en anteriores entradas al blog, México es un territorio ventajosamente ubicado entre dos grandes reinos biogeográficos, hay quienes viven orgullosos de las ciudades que habitan, de su gastronomía, música, equipo de foot ball, o tradiciones culturales en general y yo me siento poderosa de vivir en donde dos grandes reinos de vida se traslapan, es un sentimiento que me transmite fuerza e inyecta mi imaginación, pues no es algo que muchos países del mundo puedan albergar.

Sencillamente vivo en donde los desiertos y los bosques de montaña se entremezclan casi de manera mística con las selvas, México es una burbuja única que emerge y literalmente explota de vida en cada uno de sus rincones y vivir en una selva te llena de un sentimiento de humedad y un calor que abraza, vivir en una selva es respirar la energía de la vida moviéndose velóz.

Reinos biogegráficos del mundo. Claramente se observa como se juntan dos reinos en medio de México.

Yo, naturalmente por haber nacido en la ciudad norteña de Monterrey, solo conocía las selvas por los cuentos que me contaron de niña, por esos dibujos colmados de verde con tigres, elefantes, gorilas y demás personajes de la selva ocultos entre una maraña de lianas impenetrables. Voltear a ver las montañas de mi terruño era ver un enorme matorral de lechuguillas y deseaba con profundo sentimiento conocer las selvas del mundo, especialmente las de África, y no fue sino hasta la primaria que supe que en México también había selvas, entonces soñé conocerlas.


Las selvas que nos cuentan desde niños realmente no se ven así.

Debido a las capacidades económicas de mi familia, tuve que esperar hasta cumplir unos 11 años para que mis padres me llevaran a conocer las playas de México, más específicamente las de Jalisco en un sitio llamado Puerto Vallarta y qué dichosa fui al recorrer en autobús esa ruta desde la Ciudad de Guadalajara hasta la costa, apenas y muy fugazmente mis ojos divisaron por primera vez las selvas bajas caducifolias (pero para mi, selvas siempre verdes como las de los cuentos) por la ventanilla del autobús. 


Con mis hermanos en Puerto Vallarta.Y atrás las montañas con selvas.

El calor tropical, la brisa marina, las montañas selváticas, las calles hacia la playa, los arroyos que bajaban de la montaña, el malecón, las comida, la luna reflejada en el océano, el rumor del mar, las gaviotas, la suavidad de la arena bañada por las olas, el olor a sal, el color de los atardeceres...cada uno de estos detalles se alojó en  mis sentidos por primera vez, todo era nuevo y todo lo estaba experimentando a conciencia, fue algo incomparable y como las viñetas de Liniers, ojalá siga viviendo una vida llena de "hacer cosas por primera vez".


Aunque yo quedé impresionada muchos años por las visiones de las selvas de Jalisco y Nayarit. Comencé a albergar en mi el deseo de conocer las consabidas selvas chiapanecas que comenzaron a hacerse visibles a partir de los libros de texto gratuitos de la escuela, e incluso recuerdo que en mis años de secundaria por ahí del 1998, decía a mis amigos que como regalo de quince años no pediría a mis padres una fiesta sino un viaje a Chiapas y sus selvas, y claro que recibí burlas por ese detalle, pero la verdad permanecí inmutable, porque estaba convencida de mis deseos más allá de la incredulidad de mis amigos.

Posteriormente, a inicios del 2003, llevé una cátedra en la licenciatura de Biología que partiría mi vida en dos, se llamaba Biogeografía  y el maestro que nos dio la cátedra nos llevó como clausura a la Reserva de la Biosfera El Cielo en Tamaulipas en mayo de ese año, nuevamente mi corazón saltó de alegría al pisar las selvas más cercanas a mi, al cruzar esa mítica línea: el Trópico de Cáncer y los cambios de vegetación que vimos a lo largo del viaje serían la fuente de muchas inspiraciones y preguntas que me formulo hasta la fecha acerca de cómo ha ido transformándose la vegetación en nuestro territorio a través del tiempo y la geografía. Sin embargo, ese viaje también inseminó un nuevo amor llamado Bosques de Niebla, que incluso vendría a usurpar (sin yo saberlo en ese momento) mi amor por las selvas. Entonces todo iba tomando sentido, ¿cómo me iba yo a imaginar que tenía selvas tan cerca de Monterrey, apenas a escasas 5 horas? Fue un sentimiento de gozo indescriptible, pues aunque anhelaba estar en las selvas del Congo, de Uganda y Rwanda, sentir que México y mi desdeñado norte tenían selvas, fue un empoderamiento inmenso a mis cuestionamientos acadmémicos.

Las primeras fotografías de selva mediana subcaducifolia que tomé en Gómez Farías Tamaulipas.

Fotografía de grupo, Cátedra de Biogeografía, Biología UANL 2003.

En ese mismo año pero en en el mes de septiembre, en la Facultad anunciaron un evento que me también me marcaría respecto a mi amor por las selvas, una palabrita lejana y con sabor a gente adulta y problemas en los que yo no me metía en esos momentos se repetía por entre los pasillos de la Facultad de Biología, afiches con un bonito cacomixtle y un mapa de mesoamérica se pegaron en los murales de corcho de las escaleras que subían a las aulas, esa palabra era "Congreso", y después comprendí que los congresos serían de los eventos que hasta la fecha más disfruto por reunír a tantos investigadores con quienes intercambiar ideas. Entonces, en noviembre del 2003 se llevó a cabo el primer congreso al que asistí: Congreso Mesoamericano para la Biología y la Conservación en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Y rápidamente nos organizamos para ir un nutrido contingente de alrededor de 40 compañeros y el maestro que nos daba la cátedra de Micología en un autobús rentado. Tengo que decir que fue una odisea épica viajar desde Nuevo León hasta Chipas en unas 32 horas haciendo paradas en Poza Rica y Papantla en donde conocí el Tajín y por fin pude ver selvas altas (aunque bastante fragmentadas) y el Puerto de Veracruz, ver la carretera costera fue una delicia, nombres como Tecolutla, Nautla, Costa Esmeralda y Palma sola se quedarían grabados en mi mente y en una pequeña libreta donde anotaba las localidades que veía y que aún conservo y aunque en ese momento para mi todo era verde y todo era selvático, después comprendería lo lastimado del paisaje veracruzano. En ese viaje por fin pude pisar Chiapas y sus selvas y aunque tengo que admitir que quedé algo descepcionada  porque pensé que la Ciudad de Tuxtla sería como estar en la Amazonía, lamentablemente aunque todavía quedan selvas, estas son muy escasas y han dado paso a la urbanización. Sin embargo, recuperé un poco la fue cuando en ese mismo viaje fuimos a conocer las Cascada de Agua Azul y la Ciudad Maya de Palenque, ahí si pude decir que por fin estuve en una verdadera selva (o lo que lamentablemente queda de ellas) (Fotos del 2003).


Pirámide de los Nichos, Tajín, Veracruz.

Río de las Cascadas de Agua Azul, entre remanentes de selva alta perennifolia.

Selva alta perennifolia en Palenque, Chiapas.

Ciudad Maya de Palenque inmersa en las selvas altas perennifolias.


Templo de la Cruz Foliada en Palenque, Chiapas, entre selvas altas perennifolias.

Fragmentos de selva alta perennifolia de Chiapas.

Ciudad Maya de Palenque, Chiapas

Antes de ello, cuando niña oía interesantes historias de un entrañable compañero (quizás de los más antiguos de mi vida) acerca de un castillo en medio de una selva en el estado de San Luis Potosí, para descubrir en un viaje que hice en 2006  que ese castillo era la  magnánima obra arquitectónica de Edward James en medio de los últimos reductos de selva alta del norte de México en el municipio de Xilitla.

El Castillo de Edward James, Xilitla, San Luis Potosí.
Los años pasaron y en 2008 tuve la oportunidad de irme a trabajar a la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Querétaro, cuya sede de CONANP está en el pueblo mágico de Jalpan, Querétaro, ahí tuve  la oportunidad de vivir en una selva y aunque eran selvas bajas caducifolias, el paisaje que muta en cada época de lluvias fue impresionante, pues mientras en la época seca de noviembre a mayo el poanorama era gris y soleado, de junio a octubre la selva revivía y se llenaba de verde con aguaceros cada tarde, ahí comencé a comprender la magnitud de vivir en un lugar donde las lluvias se concentran en poco tiempo, así mismo el calor abrasador de mayo y la melancolía de ir viendo como la selva se va quedando sin hojas. Las comunidades donde pude ver las mejores selvas se ubican al norte de la cabecera municipal de Jalpan, así como los alrededores de Landa de Matamoros y Arroyo Seco.


Selva baja caducifolia en época de lluvias, Jalpan, Querétaro 2008.

Las cactáceas también son acompañantes típicos de las selvas bajas caducifolias de México.

Selva baja caducifolia en Jalpan, Querétaro.

Después de eso, seguí viajando y trabajando en otras áreas, pero siempre me quedaba la sensación de querer volver a las selvas. Posteriormente seguí visitando las selvas de Chiapas, la reserva de la Biosfera el Cielo y las de Xilitla, e incluso conocí las selvas de la región Otomí-Tepehua en Veracruz en 2013. Y así, las selvas fueron transformando mi imaginario, de leones, elefantes y jirafas a ceibas, ramones, orquídeas, jaguares, soyates, viejos de monte, monos aulladores...las selvas del Neotrópico.

Selvas medianas subcaducifolias de ómez Farías, Tamaulipas.

Soyate (Beaucarnea inermis) en la selva baja caducifolia en Ocampo Tamaulipas.


Selvas bajas caducifolias en el Cañón del Río Tampaón, Aquismón, San Luis Potosí.

Selvas medianas subperenifolias en el Nacimiento del Río Coy, Tambaque, Aquismón, San Luis Potosí.

Últimos fragmentos de selvas altas perenifolias en la comunidad de Pilateno, Xilitla, San Luis Potosí.

Selva alta perenifolia, las más norteñas del continente, Xilitla, San Luis Potosí.

Río en Tzicatlán, municipio de Texcatepec, Veracruz.

Volví a las selvas de Chiapas acompañada de mi hermana :)

Hasta que en febrero del 2016 me vine a vivir por fin a una selva para probar esa suerte de verde, humedad y calor, y fue así que el destino me trajo al municipio de Tamasopo, en San Luis Potosí, cuya cabecera municipal está inmersa en uno de los reductos más norteños de selva mediana subperenifolia del continente, junto con los del Cielo y Xilitla. Aquí he vivido hasta hoy, último día del 2017 pero pronto me mudaré a otro ecosistema, así que como legado dejo mis visiones de este sitio espectacular que me hizo comprender que no cualquiera sobrevive en la fiereza de la selva siempre verde, esa selva que se lo come todo con la furia de su constante humedad y calor mezclados en un sopor con constante olor a frutas dulces, a flores, a ríos, cascadas y caña.


Vista del Sótano El Frentón, Tamasopo, SLP.

Paraje El Trampolín, Agua Buena, Tamasopo.

El paso del tren San Luis Potosí-Tampico.
El espinzao del Diablo, Tamasopo, San Luis Potosí.

 
Comunidad entre las últimas selvas: Buenavista, Tamasopo.

Cascada El Aguacate.

Orquídea del género Oncidium.

El patio de mi casa entre mangos y árboles de la selva.

 
Brassavola sp.

Pemuches, Erythrina herbacea.

Harpalyce arborea.

Bromelia karatas.

Al fondo del sótano el Frentón la selva impenetrable.

Fuste de ceibilla.

Flor de Guayaba Psidium guajava.

Tlacuahce bebé.

Sapo Incillius nebulifer.

Las famosas selvas de San Nicolás de los Montes por albergar poblaciones de jaguares y el Río que da orígen al Río Gallinas, que forma la cascada de Tamul.

Automeris sp.

Argya oenea.

Cycloglypha thrasibulus.

Dioon edule, Chamal.

Camino al sótano el Frentón.

 
Heliconia sp.

Desconocido.

Los túneles del tren SLP-Tampico.

Diaethria anna.

Palmilla Chamaedorea radicalis.

Hechtia sp.

Familia Helicinidae.

Abejas trigonas.

Macromycetos desconocidos.

Guayabas Psidium guajava.

Aristolochia sp.

Bdallophyton americanum, planta parásita de Burseraceae.

Papilio rumiko.

El nacimiento del Puente de dios inmerso en la selva mediana subperennifolia.

El Puente de dios.

Campamento San Marcos.

Río en el Campamento San Marcos.

Y aquí termina mi ciclo en las selvas del neotrópico potosino, por ahora he quedado saciada y quizás en un futuro vuelva a ellas, nunca nada es seguro, pero por ahora me voy. Dejo a continuación una canción en voz francesa con su respectiva traducción que me transporta a las selvas, me abraza y me relaja como si estuviera en una hamaca arropada entre ceibas y palos de rosa al atardecer, también un hermoso poema de un tabasqueño que de igual manera al leerlo me inunda de una miel embriagante que solo las selvas han sabido ofrecernos. Por siempre las selvas nos han cautivado, nos han embrujado irremediablemente, cantan como sirenas para atraernos a ellas, por su pletórica vida, son las más grandes joyas vivientes planetarias, pero al final nos ahogan, el humano salió de las selvas africanas para internarse en ambientes menos hostiles porque si nos descuidamos, las selvas nos tragarán vivos, lo juro. Las ilustraciones son de una mexicana que con frescor y creatividad supo captar la voluptuosidad selvática mexicana.

Canopée
Polo & Pan

Ilustración de Minerva GM.
Histoire improbable de la fantaisie
Historia improbable de la fantasía
Proche de l'équateur à un point précis
Cerca del ecuador en un punto preciso
Latitude 500 longitude 36
Latitud 500 longitud 36
Au cœur de la forêt à cette interstice
En el corazón del bosque en este intersticio
Dans ta tenue d'Ève verdoyante
En tu traje verde de Eva
Tu étais d'une beauté étourdissante
Eras de una belleza espectacular
Des oiseaux nous chantaient leur mélopée
Las aves cantaban su melodía
Et nous vivions heureux dans la canopée
Y vivíamos felices en la copa de los árboles
Jungle sauvage ouvre tes bras
Jungla salvaje abre tus brazos
Il en faut peu pour toi et moi
Ambos necesitamos un poco
Prenons racine dans les bois
Echemos raíces en el bosque
Enfants naïfs ou hors-la-loi
Niños ingenuos y rebeldes
Les quilles plantées dans un ruisseau
Las quillas clavadas en un arroyo
Écoute chanter ce drôle d'oiseau
Escucha cantar a esa extraña ave
Il nous invite un peu plus haut
Nos invita a subir un poco más alto
À partager nos idéaux
A compartir nuestros ideales
Histoire mémorable d'une rêverie
Historia memorable de un ensueño
Que nous vivions ensemble en Amazonie
Que vivimos juntos en la Amazonia
Un retour aux sources, vie sans artifices
Regresamos a los orígenes, sin nada artificial
A deux dans la forêt loin des maléfices
Los dos en el bosque lejos de la maldad
Dans la torpeur noire et luxuriante
En el letargo negro y frondoso
D'une jungle aux lianes exubérantes
De una jungla con lianas exuberantes
Les arbres millénaires nous ont adoptés
Los árboles milenarios nos han adoptado
Et nous vivions heureux dans la canopée
Y vivimos felices en sus copas
Jungle sauvage ouvre tes bras
Selva salvaje abre tus brazos
Il en faut peu pour toi et moi
Ambos necesitamos un poco
Prenons racine dans les bois
Echemos raíces en el bosque
Enfants naïfs ou hors-la-loi
Niños ingenuosy rebeldes
Les quilles plantées dans un ruisseau
Las quillas clavadasen un arroyo
Écoute chanter ce drôle d'oiseau
Escuche cantar esta extraña ave
Il nous invite un peu plus haut
Nos invita a subir un poco más alto
À partager nos idéaux
A compartir nuestros ideales


Esquema de una Oda Tropical 
Carlos Pellicer (1935) 

Ilustración de Minerva GM.

La oda tropical a cuatro voces
ha de llegar sentada en la mecida
que amarró la guirnalda de la orquídea.

Vendrá del Sur, del Este y del Oeste,
del Norte avión, del Centro que culmina
la pirámide trunca de mi vida.

Yo quiero arder mis pies en los braseros
de la angustia más sola,
para salir desnudo hacia el poema
con las sandalias de aire que otros poros
inocentes le den.

A la cintura tórrida del día
han de correr los jóvenes aceites
de las noches de luna del pantano.

La esbeltez de ese día
será la fuga de la danza en ella,
la voluntad medida en el instante
del reposo estatuario,
el agua de la sed
rota en el cántaro.

Entonces yo podría
tolerar la epidermis
de la vida espiral de la palmera,
valerme de su sombra que los aires mutilan,
ser fiel a su belleza
sin pedestal, erecta en ella misma,
sola, tan sola que todos los árboles
la miran noche y día.
Así mi voz al centro de las cuatro
voces fundamentales
tendría sobre sus hombros
el peso de las aves del paraíso.
La palabra Oceanía
se podría bañar en buches de oro
y en la espuma flotante que se quiebra,
oírse, espuma a espuma, gigantesca.
El deseo del viaje,
siempre deseo sería.
Del fruto verde a los frutos maduros
las distancias maduran en penumbras
que de pronto retoñan en tonos niños.

En la ciudad, entre fuerzas automóviles
los hombres sudorosos beben agua en guanábanas.
En la bolsa de semen de los trópicos
que huele a azul en carnes madrugadas
en el encanto lóbrego del bosque.
La tortuga terrestre
carga encima un gran trozo
que cayó cuando el sol se hacía lenguas.
Y así huele a guanábana
de los helechos a la ceiba.

Un triángulo divino
macera su quietud entre la selva
del Ganges. Las pasiones
crecen hasta pudrirse. Sube entonces
el tiempo de los lotos y la selva
tiene ya en su poder una sonrisa.

De los tigres al boa
hormiguea la voz de la aventura
espiritual. Y el Himalaya
tomó en sus brazos la quietud nacida
junto a las verdes máquinas del trópico.
Las brisas limoneras
ruedan en el remanso de los ríos.
Y la iguana nostálgica de siglos
en los perfiles largos de su tiempo
fue, es, y será.

Una tarde en Chichén yo estaba en medio
del agua subterránea que un instante
se vuelve cielo. En los muros del pozo
un jardín vertical cerraba el vuelo
de mis ojos. Silencio tras silencio
me anudaron la voz y en cada músculo
sentí mi desnudez hecha de espanto.
Una serpiente, apenas,
desató aquel encanto
y pasó por mi sangre una gran sombra
que ya en el horizonte fue un lucero.

¿Las manos del destino
encendieron la hoguera de mi cuerpo?

En los estanques del Brasil diez hojas
junto a otras diez hojas, junto a otras diez hojas,
de un metro de diámetro
florean en un día, cada año,
una flor sola, blanca al entreabrirse,
que al paso que el gran sol del Amazonas
sube,
se tiñe lentamente de los rosas del rosa
a los rojos que horadan la sangre de la muerte;
y así naufraga cuando el sol acaba
y fecunda pudriéndose la otra primavera.

El trópico entrañable
sostiene en carne viva la belleza
de Dios. La tierra, el agua, el aire, el fuego,
al Sur, al Norte, al Este, y al Oeste
concentran las semillas esenciales
el cielo de sorpresas
la desnudez intacta de las hojas
y el ruido de las vastas soledades.

La oda tropical a cuatro voces
podrá llegar, palabra por palabra,
a beber en mis labios,
a amarrarse en mis brazos,
a golpear en mi pecho,
a sentarse en mis piernas,
a darme la salud hasta matarme
y a esparcirme en sí misma,
a que yo sea, a vuelta de palabras,
palmera y antílope,
ceiba y caimán, helecho y ave-lira,
tarántula y orquídea, zenzontle y anaconda.
Entonces seré un grito, un solo grito claro
que dirija en mi voz las propias voces
y alce de monte a monte
la voz del mar que arrastra las ciudades
¡oh trópico!
y el grito de la noche que alerta el horizonte.

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